Perseguidos y perdonados

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CIUDAD DE MÉXICO, 03SEPTIEMBRE2018.- Enrique Peña Nieto, presidente de México, rindió su último informe de Gobierno, en Palacio Nacional. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

NO ES EXPLICABLE, AUNQUE SEA EVIDENTE, LA RAZÓN POR LA CUAL ALGUNOS EX MANDATARIOS SON PERSEGUIDOS judicialmente y otros, en cambio, gozan del favor de la impunidad con la inocua aplicación de la medicina del tiempo, es decir, bajo control de la amnesia colectiva tan productiva para los sinvergüenzas que forman la escoria oficial. Pese a ello, no hemos sido capaces, los mexicanos en su conjunto, de hacer valer el peso de la soberanía popular ante la pequeña elite que nos asfixia desde las alturas del sistema.

Hace unos meses, dialogando con un grupo de amigos con enorme experiencia en las cuestiones de la vida institucional –era yo el único disidente–, uno de ellos habló con fervor sobre la dureza de nuestro establishment que rebasa la fuerza presidencial y a la partidocracia para envolvernos guiado por quien sabe cuántas manos aviesas. Y decía, claro, que tal estructura acabaría imponiéndose a la hora de los comicios del 1 de julio. Un error de antología. Entonces me negué a refrendar tal tesis porque consideré que, en cualquier caso, incluyendo las oposiciones, todos los precandidatos eran hijos del sistema, incluyendo a Andrés. Tuve razón y Andrés ya es el presidente de la República como pronostiqué entonces.

Se hace evidente, en esta hora, que Morena es el referente pero no absoluto; no puede, por sí solo este partido reformar la Constitución ni asegurar una próxima “moral” como dicen porque para ello se requiere de la aprobación de dos tercios de sendas Cámaras y de, cuando menos, diecisiete Congresos estatales –la mitad más uno–