El vigilante de arena

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Jetzael Molina

Esta vez mi cuerpo errante se trasladó a la zona oriente de la capital, aquella donde los únicos referentes son la sobrepoblación, la escases de agua, la delincuencia desmedida en cada una de las colonias que conforman esta zona y donde los habitantes que vivimos en las demarcaciones Iztapalapa, Tláhuac, Milpa Alta y Xochimilco consideramos que la inseguridad va en aumento, no por algo el  96.7% de la población expresó en la última Encuesta Nacional de Seguridad Urbana de marzo de 2018, publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), su preocupación por las condiciones en las que se encuentra esta zona de la ciudad.

Pero no todo es muerte, atracos y malestar en la población, hay espacios públicos donde la ciudadanía se ha apropiado para generar un ambiente de convivencia y fomentar el deporte o las actividades físicas al aire libre. El volcán Xaltepec cuyo nombre se compone de Xalli “arena” y tepec “cerro” por lo que significaría “Cerro de Arena” y  está ubicado justo en los límites de las alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa. Se le conoce también por el “Cerro de las Cruz” o “Cerro de las Minas” por los habitantes de Zapotitlán y alrededores.

En este cerro de arena negra y roja, se levantan monumentales montañas de tierra; a lo lejos, se ven cuerpos moverse sobre las superficies de estas planicies. Grupos de corredores asisten todas las mañanas a este hermoso espacio natural, mujeres y hombres marcan su ruta de entre la maleza que ahí se aferra a la vida.

El señor Juan, tiene 56 años y acude al cerro desde hace más de treinta años, junto con él lo acompañan su esposa Elizabeth y su grupo de perros que los siguen durante todo el trayecto de la carrera. “He visto la trasformación de este espacio y es importante que hagamos algo por éste”. Es una zona donde las actividades físicas se pueden realizar sin ningún inconveniente.

Este lugar, desde la llegada de los mexicas al centro del país, ha sido explotado para la obtención de materiales de construcción, principalmente el tezontle. Y es que en estos últimos tiempos las compañías privadas que están encargadas de la utilización de estas tierras han abusado y exterminado el espacio natural que aquí se percibe, poniendo en riesgo la vida de animales y plantas que se desarrollan en esta montaña. La sierra de Santa Catarina (Iztapalapa-Tláhuac) ha sido explotada ilegalmente, la policía ha clausurado algunas minas, sin embargo, hay saqueo desmedido en los cerros.

A pesar de la explotación de recursos naturales de las minas de arena, los agricultores siembran flor de calabaza, cempasúchil y diferentes plantas para su comercialización en mercados locales de la zona, o bien, en puestos que se instalan a las afueras de este cerro natural.

La vista es única, ya que se puede apreciar los enormes edificios que se levantan en la zona centro de la ciudad, también Santa Fe se aprecia desde este polo citadino. Desde lo alto del cerro, en las “faldas”, se observa una mancha gris que se expande a lo largo de la  cordillera de montañas. Son las casas de las miles de familias que viven

Las casas de las personas que ahí habitan son testigos de los cambios naturales que se manifiestan en el cerro, parecen favelas donde la ebullición de personas es constante.

Algunas zonas del cerro parecen escenas  de la película “Los Olvidados” del director de cine Luis Buñuel, porque literalmente es una zona que está en el olvido por parte de las alcaldías. Basura, restos de animales muertos, en particular cadáveres de perros y gatos, son arrojados a la deriva, lo que produce olores desagradables, generándose un foco de infección para los habitantes. Pero también el descuido y la falta de respeto a los espacios públicos y a la naturaleza por parte de los ciudadanos que conviven en esos espacios.

Los cerros que abrazan a la ciudad vigilan nuestras mañanas caóticas, así como las noches fieras que se manifiestan en los diferentes puntos de la gran metrópoli.