Maleantes inolvidables

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Rafael Loret de MOLA

Fue como una broma macabra cuando comenzaron a verificarse el monto de los sobornos y los sobreprecios de sus “servicios” a varias d las plantas de Pemex con la intermediación del corrupto –rompe-madres, se dice–, Emilio Lozoya Austin, quien, con su cola y mañas de velocirraptor, puede sentirse orgulloso de ser continuador de grandes personajes del peñismo: La Gaviota, Luis Videgaray –beneficiarios de Higa–, Virgilio Andrade “la cloaca”, Gerardo Ruiz Esparza “el socavón” y el propio titular del Ejecutivo quien asienta que la corrupción no es uno de los males mayores. Falta establecer desde el punto de vista de quién.

No son todos los cómplices, desde luego, ni los únicos beneficiarios de los sobornos de Marcelo Bahía Odebrecht, el brasileño convertido en el Luzbel de los empresarios para convencer a los jefes de Estado de casi todo el continente a beber sobre sus palmas, cuyas sumas son tan desiguales como el propio caso: los periódicos oficiosos hablan de montos mayores a 400 millones de pesos; El País, de España, cita 41 millones y medio pero de dólares y La Jornada apunta que son 876 millones de pesos los “sobreprecios” pagados a la multinacional por instrucciones de muy arriba –los dos últimos cotidianos citados sí coinciden, a cambio de falacias mayores en los otros–, al tiempo que se citan las tremendas irregularidades cometidas en dos de las obras “emblemáticas” de un régimen amoral: el tren México-Toluca –rey de la tala inmoderada–, y el célebre paso Exprés.

Lo de Odebrecht ha sido, sin duda, un pedacito del enorme pastel de la corrupción horneado y confeccionado con las manos de Angélica Rivera Hurtado –sobrina, y es en serio, del ex presidente miguel de la madrid hurtado, ya agusanado–, en el corazón de Chapultepec, en Los Pinos, mientras esperan mudarse a algunas de sus casas blancas, no en la de la Ciudad de México sino en el extranjero, decididos a no quedarse en su país al término de una gestión repulsiva para 93 de cada cien mexicanos. Lo reitero, y me gusta hacerlo, para subrayar la ilegitimidad democrática de un mandato que resultó un fraude mayor.

Pero, ¿quiénes deben responder por los fraudes, sobornos y sobreprecios pagados a Odebrecht y distribuidos entre la cúpula gobernante? ¿Y la estafa maestra de Rosario Robles y sus alfiles de Hacienda? El primero, sin duda, el ahora aprendiz de Canciller, Luis Videgaray Caso, el hombre de las transacciones sucias con olor nauseabundo; después, Emilio Lozoya Austin, uno de los juniors que defienden su dinastía y le “rompen la madre”, según dijo, a los demás. Y por la misma senda colocamos al actual director de la paraestatal, José Antonio González Anaya, concuño nada menos de carlos salinas de gortari –su esposa es Gabriela Gerard Rivero, hermana de Ana Paula, la consorte del genio del mal–. Un círculo diabólico, apabullante, que carcome al espíritu nacional.

Desde luego, quedan pendientes revisar los estados de cuenta –lo que se debe hacer ya con la debida autorización judicial–, de enrique peña, de su tío y mentor Arturo Montiel Rojas y, por supuesto, del Gran Gurú, carlos salinas. Entonces, sabremos la verdad porque, desde luego, la declaración de bienes de estos personajes ya la perdió el tiempo, remedio infalible de los corruptos.