Otra Monroe después del suceso terrible

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Daniel Bisogno

Poca gente más risueña y contenta de vivir que mi Betty Monroe, a quien tengo la fortuna de conocer hace más de 20 años. La conozco desde que ella tenía diecinueve años y siempre ha sido así: sencillota, silvestre, pero sobre todo, feliz. Es inevitable pensar en la Monroe y no imaginarla a carcajada batiente, albureando y echando desmadre. He trabajado con mi Monroe en televisión y teatro desde hace muchos años, pero ayer la vi muy distinta, como esa gente que de repente se ve iluminada por algo y cambia radicalmente su expresión facial, o esa gente que encanece de un día a otro por algún evento acontecido, y ¿cómo no? Después de lo que acaba de vivir, cualquiera estaría así, la vi muy meditabunda y reflexiva. Platicando con ella me contó que lo que vivió fue una verdadera sacudida, imaginen ustedes que están tranquilamente con sus hijos en un parque, deciden, en lo que ellos se divierten, ir por unos cafés a Starbucks, y cuando se suben a la camioneta ya con los cafés en mano, ya estaba alguien en la parte de atrás de la camioneta, y en cuanto se subió le puso la pistola en un costado y ahí comenzó el calvario: la hizo ir a su casa donde se encontraban su mamá y su hermana, y aquello fue una pesadilla, hubo golpes por parte de este malnacido, las insultó, le vació la casa a mi Betty y no conforme con este acto criminal sin perdón, volvió a subir a Betty a la camioneta para dar un paseo por la ciudad entera, amenazándola y diciéndole las peores cosas, que la iba a matar incluso. Al final, después de vaciarle también las tarjetas, la dejó amarrada al asiento del coche y huyó el muy bastardo. No les cuento más detalles de lo vivido por mi Betty, porque están las investigaciones a todo lo que dan y tenemos noticias de que prácticamente ya tienen toda la información sobre este malparido y cobarde, que seguramente pasará el resto de su miserable vida en una prisión, si es que antes no lo desaparecen, porque recuerden que “el que a hierro mata, a hierro muere”, y mi Monroe ha tenido que asistir a terapia para lograr pasar de la mejor manera este trago tan amargo en su vida, para poder estar bien para sus tres hijos, para recuperar la paz perdida, que es de lo más difícil del mundo. Invaden tu intimidad, tu espacio, tu armonía; es un evento de estos que te cambian la vida para siempre, nunca vuelves a tener la paz que tenías, ni a confiar en nadie de la misma manera. Mi Monroe está herida, pero la conozco, spe lo fuerte y cabrona que es y se va a reponer muy rápido. La Monroe es una gran madre, una gran hija, una gran hermana, una gran pareja y por supuesto una gran amiga, alguien que es vino, Betty jamás merecería que le pasara lo que le pasó, así que seguramente la vida le tiene preparada grandes y maravillosas sorpresas. He dicho.