Noche de ficheras, rumba y candela

Noche de ficheras, rumba y candela

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Jetzael Molina Sedeño

“Fue en un cabaret donde te encontré bailando, vendiendo tu amor al mejor postor soñando…”, aquella icónica canción de la Sonora Santanera aún se escucha en los lugares donde la rumba, la orquesta musical , el baile y las ficheras permanecen a pesar del paso del tiempo. El cabaret Barba Azul es un espacio que remite a la nostalgia de aquellos años donde lo “arrabal” determinaba la forma de vida en la ciudad.

Y es que la vida nocturna en la metrópoli ha cambiado drásticamente, sin embargo, hay lugares como el Barba Azul que sobreviven ante las nuevas tendencias y formas de vivir una noche en la capital. Tan sólo una pista de baile para despertar los instintos más candentes de la noche, una zona para que toque la orquesta musical y una barra son sólo algunos de los elementos esenciales para que este lugar permanezca.

Pero lo que hace especial a este cabaret es la presencia de las hermosas mujeres que están dispuestas a bailar una, dos, tres piezas de baile. “Las ficheras” son el alma del Barba Azul, en cada uno de sus pasos se cuenta una historia diferente, las noches están llenas de nuevos clientes para ellas. Sus contoneos hipnotizan la mirada de los ahí presentes.

La decoración del Cabaret Barba Azul es sumamente atractiva, ya que en las paredes del lugar se pueden observar altos relieves de mujeres desnudas en posiciones eróticas, representaciones del malvado barba azul, así como un carruaje que lleva entre las sombras a una pareja deseosa de candela y rumba nocturna. Un castillo también sobresale en la ornamentación del lugar.

Cabezas de mujeres vigilan a los clientes desde las esquinas del bar. Intensas llamaradas de fuego cubren los muros, ya sea como una metáfora del mismísimo infierno, o bien, remiten a lo caliente que se pone la pista de baile todas las noches. El Barba Azul está abierto de martes a sábado en un horario que va de las 20:00 a las 03:00.

Los ritmos que deleitan a los visitantes del cabaret haciéndolos bailar y mover el cuerpo con exquisita cadencia son la cumbia, salsa y matancera. Pero la orquesta también se rifa en el escenario y toca chachachá, rock and roll, baladas, banda.

En la planta alta hay una serie de fotografía que recopilaron los administradores en donde se muestran las personas que han trabajado y los cambios que ha tenido el bar. Estas imágenes forman parte del proyecto “Si te vi, ni me acuerdo… recuerdos de un amor que no fue”, de las fotógrafas Mayra Martel y Lisbeth Chavarría.

Las noches fieras en el Cabaret Barba Azul, reúnen a todo tipo de personas en la pista, no importa la clase social ni de dónde vengas, la rumba es para disfrutarse. Hombres mayores, mujeres, jóvenes, parejas y una que otra alma en pena se dan cita en el lugar ubicado en la calle de Gutiérrez Nájera 291, esquina con Bolívar, en la colonia Obrera.

En la pista se alcanzan a distinguir dos cuerpos abrazados, en medio de luces multicolores se alcanzan a distinguir las caras de las ficheras, ataviadas en vestidos ajustados con pequeños detalles de lentejuelas y pedrería. Los hombres que asisten al lugar quieren compartir una pieza musical envueltos en los brazos de alguna cabaretera.

Algo que también llamó mi atención la noche que asistí al Barba Azul fue la presencian de la señora Martinica, una viejecita que cada fin de semana baila sola en la pista de baile. Algunas personas que frecuentan el lugar aseguran que fue fichera y luego de que su cliente habitual por 20 años muriera, cada fin de semana asiste a una cita sin acompañante, pues único cómplice de la noche es un vaso de whiskey.

Los cabarets se hicieron populares poco después del inicio de los años 30 y alcanzaron su máximo esplendor hacia los 50, para aceptar su debacle hacia mediados de la década de los años 60. Provenientes de Europa, en los cabarets de la época era común toparse con políticos, artistas, e intelectuales quienes compraban fichas y bebían sin prejuicio dentro de aquellos salones.

En este lugar la compañía de una bailarina, una plática donde las palabras susurren al oído y una copa de vino son las mejores cosas que pueden ocurrir durante las fantásticas noches en la ciudad. Aquí la esencia de cabaret está presente en sus muros, en la pista de baile, en su decoración y en la memoria de los visitantes.