Todos son iguales; ¿los hay peores?

Todos son iguales; ¿los hay peores?

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Raquel Bigorra

Si el infiel busca en la calle lo que no tiene en casa, ¿por qué regresa? Ya no sabe una ni a qué están jugando. Me acaba de decir Paquita la del Barrio que todos son iguales. Uno de sus maridos se la pasaba en el cine. Bueno, eso le decía. Pero cinéfilo, no era.

Cuando nos ponen el cuerno, de­beríamos de darnos cuenta. Hay veces que nos hacemos las de la vista gorda o de plano, nos vale. Tengo muchas con­ocidas que me dicen que mientras no les dejen de dar para el gasto, no hay problema. Cosa que si fuera por interés monetario, de todos modos se verían afectadas. ¿No creen? Ya sin mencionar el amor propio o dignidad, no veo -como está la crisis- cómo le van a hacer para que les alcance para mantener dos casas.

Hoy los vamos a balconear. Ya no le dé mas vueltas. Les voy a compartir al­gunas pistas, indicios, cambio de hábi­tos, que denotan que el marido anda en “algo”.

Es muy común que resguarden el celular como si fuera un tesoro. Por nada del mundo lo dejan olvidado en la mesita de noche. Hasta lo meten en la ducha, con tal de que una no pueda echarle ojo. Y la clave de seguridad, ni soñando te la comparten.

Hablando de ducha, cuando tienen una amante se vuelven de un pulcro… Con una hasta traían calzón con rajita de canela. Ahora se bañan varias veces al día. Andan limpios y perfumados.

Algunos comienzan a cambiar de apa­riencia. Se meten al gym, se pintan el cabello. Andan en tennis para hacerse los chavos y cuelgan del cuello cuanto colguije encuentran a su paso. Ya sea un cuerito, estampita si la galana es religio­sa y una cadenita con medalla, pues ya traen nueva “protección”.

Cambian de horario de trabajo con mucha facilidad. A cada rato sale una emergencia en la oficina y eventos a donde no nos llevan, quién sabe por qué.

Están muy irritables. Todo el día es­tán de mal humor. Pero ojo, solo con no­sotras. Si les llama “el jefe”, le contestan de un amoroso que no damos crédito.

No es difícil saber que la relación va en picada y debemos movernos rápido de lugar. Sobre todo si sospechas que tiene una amante; es porque la tiene. No le hagas al Sherlock Holmes, porque si lo cachas en la movida, siempre dirá que estás loca, cambia el tema; y si le das chance, hasta te voltea la tortilla. Ahora la culpable eres tú.

Es mejor agarrar al toro por los cuer­nos. Tranquilos y sin show, sin asevera­ciones ni reclamos, poner en la mesa lo que pasa. Comunicación, comunicación y más comunicación.

Hablando la gente se entiende, y más con amor. Todos son iguales, me asegura Paquita la del Barrio, pero yo siempre pienso que los hay peores. No se crea. Una relación con buena comunicación puede vivir libre de infidelidades. Co­munique y verá cómo vivieron felices para siempre, gracias a El manual de la buena esposa.