Misma excitación ¿No nos importa el sexo?

Misma excitación ¿No nos importa el sexo?

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Raquel Bigorra

Cuando parece que las preferencias sexuales de cada quien no afectan a nadie. Cuando damos por hecho que vivimos en una sociedad más allá de las etiquetas, se vuelve viral y se convierte en un escándalo, como la imagen de los supuestos chicos del Cruz Azul en la alberca, medio cariñosos. Si Madonna se besa con Britney Spears no pasa a mayores. Es cuestión de sexo. Mujer con mujer todos se alborotan. Hombre con hombre es homosexualidad y todos se espantan.

La realidad es que existe una doble moral a la hora de juzgar los comportamientos homosexuales o bisexuales de mujeres y hombres.

Hasta he leído que no se trata de homosexualidad sino más bien, una fase de experimentación cuando dos mujeres se involucran. Algunos le llaman juego. De hecho, hay quienes aseguran que la mujer después de una experiencia así puede volver a identificarse como heterosexual sin ningún problema. Pero no ocurre lo mismo cuando se trata de dos hombres: una vez que has tenido una experiencia sexual con otro hombre, el entorno pasa a considerarte gay.

Esta semana todo el mundo ha estado hablando del estudio que realizó la Universidad de Essex en el Reino Unido.

Para realizar el estudio, los investigadores proyectaron imágenes de cuerpos desnudos tanto de hombres como de mujeres ante 235 participantes. El 82% de las mujeres que se sometieron al test, se excitaron sexualmente tanto con el cuerpo masculino como con el femenino.

En contraste, las lesbianas dieron una respuesta mucho más intensa ante la imagen de otra mujer desnuda que ante el cuerpo de un hombre.

Luego luego, muchos medios publicaron que todas las mujeres somos lesbianas. Algunos maridos se alborotarán y otros, que leyeron esos artículos, han de estar haciéndonos preguntas capciosas acerca de nuestro pasado. No se deje confundir ni se haga ya más bolas. Disfrute su sexualidad al máximo y aléjese de las etiquetas. O hágale como yo, le comenté a mi marido acerca del artículo y se puso buena la plática. Así no se aburre uno en el matrimonio. Y vivieron felices para siempre, gracias a El Manual de la buena esposa.