Infidelidad, ¿cuestión de genética?

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Raquel Bigorra

Acabo de leer en estudio hecho por serios científicos que aseguran que uno de los factores de la infidelidad tiene que ver con la condición hereditaria o un perfil genético de base. Qué oportuna investigación. Ya parece que al marido o a una, se le ocurra decir que es a causa de la genética la cana al aire.

Resulta que la evidencia apunta a que hay ciertas personas que según su genética, tienden a ser más infieles que otros. El tema en cuestión tiene que ver con la oxitocina y la vasopresina. Ambas son consideradas las hormonas del amor. Los que tienen mayores receptores de dichas hormonas, digamos que son los infieles. Esta última tiene que ver además con conductas como la empatía, la confianza y el apego sexual.

Para que no vaya a decir que yo ando metiendo ideas, les voy a decir de dónde salió el estudio. Quienes hicieron el hallazgo fueron científicos de la Universidad de Queensland. En la investigación también se observó que la genética fue culpable de 40 por ciento de la infidelidad de las mujeres. Por supuesto la de los hombres fue mayor. Qué raro. Los hombres se alzaron con un 62 por ciento. Pero los psicólogos señalan que la genética no implica que este tipo de comportamientos no se pueda controlar. Esta fue la mejor parte. Así que no hay manera de que le echen la culpa a la genética.

El tema de la infidelidad da para mucho debate. Para algunos es el fin de la relación, para otros, después del perdón y de ir a terapia logran salir fortalecidos y continuar juntos.

Estuve leyendo que los hombres y mujeres reaccionamos de forma muy distinta ante la infidelidad. Los hombres se sienten mucho peor cuando su esposa tiene relaciones sexuales con ese otro, que cuando se enamoran del sujeto. Para el hombre la infidelidad física es más grave que la emocional. Nosotras somos muy diferentes. Que la haga gritar de pasión pero que se enamore de la amante, ahí sí, hay dolor y lágrimas.

Yo considero que cualquier tipo de infidelidad cuenta y lastima la relación. ¿Para qué nos casamos? Para ser intensamente felices, para tener un cómplice no un enemigo. Así que revísese y mírese bien en el espejo cuando sienta que las hormonas se le alborotan. Piense que no le gustaría que le hicieran sentir herido. Pórtese derecho y vivieron felices para siempre, gracias a El manual de la buena esposa.