Tres bendiciones para el presidente

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Alejandro Lelo de Larrea/Grupo Cantón

MONTERREY, NUEVO LEÓN.– La mayoría, habitantes del municipio con mayor ingreso percápita de América Latina, San Pedro Garza. Ese perfil poblacional que antes no respaldaba a Andrés Manuel López Obrador.

Hoy ya conquistó a este público. Ya Presidente electo, el hombre que obtuvo más de 30 millones de votos, ya es un rockstar, también entre las clases altas.

Sin exageración, cientos de empresarias y empresarios se arremolinaron para tomarse la foto con él, como antes sólo ocurría en mítines de zonas rurales y urbano populares. Solo por la logística acertada, fue que el evento no se desbordó.

Así salía López Obrador de una reunión en el Centro de Convenciones de Cintermex, con más de mil 900 empresarios de la Cámara de la Industria de la Transformación de Nuevo León, que agrupa a cerca de 4 mil empresas de todos los tamaños y todos los giros.

Ahí, en un encuentro de unos 90 minutos, el mandatario electo arrancó aplausos en al menos 10 ocasiones.

Algunas: “La secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde (ahí presente), es la más joven de todo el gabinete. Nosotros somos jóvenes maduros… El Ejército seguirá en las calles… En Monterrey estará la sede de la Secretaría de Economía… La directora del SAT va a ser una mujer de Nuevo León… El próximo jefe de la oficina de Presidencia también es de Nuevo León”.

Era la primera vez que, ya como presidente electo, López Obrador hablaba ante un público tan numeroso y complejo, como los empresarios regiomontanos. De ahí salió con su segunda bendición.

La primera bendición, por la mañana: se reunió con 82 obispos de todas las regiones del país, a convocatoria del Consejo del Episcopado Mexicano. Ahí, recibió el apoyo de los prelados para su tarea compleja de pacificar al país.

Al llegar a esta ciudad, López Obrador fue recibido en el aeropuerto por el gobernador Jaime Rodríguez, El Bronco, quien cuando lo esperaba, comentaba que se iban a echar un café ahí mismo. ¿Quién va a pagar?, le preguntaron. “A ver quién paga, acuérdate que soy de Monterrey. Cada quién paga el suyo”.

Y nadie pagó, porque charlaron sentados en la mesa unos 10 minutos, sin café. Plática de tres: Alfonso Romo, el futuro jefe de la Oficina de Presidencia, con ellos todo el tiempo.

Por la tarde, Romo, ofreció una comida en su casa, en el Hípico La Silla, de San Pedro Garza. Ahí, otra reunión de gran relevancia con 25 empresarios, los 10 del Grupo Monterrey, que son los más ricos de la entidad, y otros 15 más, también de los más acaudalados.

“Estuvo excelente el encuentro, fue de primera”, resumen del empresario. Así, la tercera bendición del día.