Despedida melodramática

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DE FRENTE Y DE PERFIL

RAMÓN ZURITA

Los tonos melosos, melodramáticos y de reconciliación impuestos por el Presidente Enrique Peña Nieto a su último informe presidencial, distan de las lágrimas derramadas por José López Portillo e intentan darle un sentido responsable a su ejercicio de gobierno.

Son los peores momentos de su desgastada administración, cuando su popularidad está por los suelos, su partido perdió todo, desde la Presidencia de la República, la mayoría cameral y las nueve gubernaturas en disputa el pasado 1 de julio.

Se cuestiona su gobierno, mientras él justifica una serie de acciones en las que nadie cree y recalca avances en varios rubros y advierte que sus cacareadas reformas serán revertidas y se revisarán contratos que, supuestamente, beneficiaron a grandes contratistas y amigos del gobierno en turno.

Peña se va de la Presidencia de México (faltan cerca de 90 días) en medio del desprestigio propio y de la mayor parte de su gabinete, y aunque su vanidad y la de su familia no llegó a los extremos de otros ex Presidentes, ha sido sumamente cuestionada y quedará en el recuerdo de los ciudadanos.

Sus dislates, confusiones, desconocimiento de la geografía, carencia de cultura y fallas de gobierno, han sido retratados una y otra vez, por lo que se volvió apetito voraz de los cartonistas y de los tan socorridos memes. De ser un Presidente que ganó en las urnas producto de su popularidad y la de su esposa (Angélica Rivera) pasó al descrédito en poco tiempo y se convirtió en un político impopular. Tampoco le ayudaron sus compañeros de viaje como Luis Videgaray, Gerardo Ruiz Esparza, Luis Miranda, David López, Emilio Lozoya, Eduardo Sánchez y Enrique Ochoa, entre otros.

Ni siquiera las lágrimas vertidas por su esposa e hijas en su último informe aminoran el rechazo de la población hacia ellos.