Nuevo modelo energético

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Si bien uno esperaría que la “cuarta transformación” viniera acompañada de cambios reales, con los recientes nombramientos para CFE y PEMEX por parte del Presidente electo, parece que lo que nos espera es una dosis de presidencialismo y verticalidad en la toma de decisiones, que pondrían en peligro, los avances en el nuevo modelo energético de México.

Tanto CFE como PEMEX cuentan con problemas de administración interna y pérdidas financieras. De acuerdo con los estados financieros de ambas empresas, en conjunto representaron una perdida total de más de 84 mil mdp en el primer trimestre de 2018, y operar esas condiciones no es ni será tarea sencilla.

A la Reforma Energética, se le ha pedido lo que no puede dar: resultados inmediatos y se le ha responsabilizado de todo, como las ineficiencias de PEMEX.

Sin duda hay desafíos importantes en la implementación del nuevo modelo energético en México, que deben generar las certidumbres necesarias para que las inversiones derivadas sigan fluyendo; y sigan participando empresas privadas generadoras de energía más limpia, eficiente, y por ende, más barata.

Necesitamos atender nuevos retos, como el cambio climático y el declive en el uso de energías fósiles a nivel mundial.

Si queremos lograr el México posible, con una economía incluyente para todos, debemos ver hacia el futuro, estar a la altura de los países que han visto en la energía una fuente de riqueza pero al mismo tiempo de responsabilidad social con el medio ambiente, el fomento industrial y las nuevas generaciones. Si queremos una transformación verdadera, reconozcamos en dónde estaríamos sin reforma y la urgencia de dar pasos sólidos para la atracción de inversiones y empleo, porque el progreso y la modernidad son los únicos caminos para alcanzarla.