Como la vieja Lagunilla

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Armando Ramirez

Se va sorprender por los puestos de antigüedades que hay sobre el piso y alrededor de todo el Jardín Ignacio Chávez, haga de cuenta, llega a un mercadito árabe y hay cada personaje de novela, hay una señora grande, rubia, bonita, con su piel arrugada pero no deja de ser hermosa, se llama Casandra y es de origen griego, le vende timbres a los coleccionistas.

Recorriendo el tianguis de la Cuauhtémoc, encontré un hermoso mueble para escribir cartas como se estilaba, un escritorio secret, luego una lámpara de las que usaban a principios de los años 20, imaginé al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada escribiendo a la jovencita Manuela o el secreter de viaje de don Benito Juárez y no sólo me mostraron eso, sino una taza y un plato de porcelana hecho en Londres.

Es un gran bazar, encuentra al cuate que vende discos de vinyl, la de gente joven que se arremolina para tener los discos de Black Sabbath y, muchos coleccionistas buscando los discos de Mike Laure o los Tribunos o Frank Sinatra, este jardín los sábados y domingos es un mundo de nostalgias.

No sabía que hay gente que colecciona los juguetes de la Matei y ahora tan de moda las portaviandas, jarras, pocillos de peltre, frascos de los perfumes, es un gozo recorrer este tianguis, me gusta mucho porque me hace recordar a la vieja Lagunilla, cuando todo lo que se vendía eran antigüedades o curiosidades, no que ahora visitar la Lagunilla a excepción los libreros de viejo que están sobre el eje norte 2 y ahora una parte de anticuarios, cada vez son más arrinconados por lugares que venden micheladas, bisutería china; que bueno que este tianguis de Cuauhtémoc conserve la esencia de este tipo tianguis bazar, digo que tanto es tantito.