Adal y Karla, un año de matrimonio

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Raquel Bigorra

La felicidad no se puede esconder. Es algo que se desborda. Y así andan mis queridos Adal Ramones y Karla de la Mora, a un año de haberse casado. Desbordando felicidad.

Nos invitaron a compartir con ellos en Acapulco y como siempre, se sacan un diez como anfitriones. Él se com­porta como un chamaco de 15. Hasta lo estuve analizando. ¿Cómo le hará éste traga años? No para de trabajar. Hace teatro de lunes a sábado y el domingo se avienta La Academia en vivo. Ya sé que desde que abrazó la fe cristiana se volvió más relajado y en paz, pero esta actitud, no es normal. Me dije.

Somos muy netos cuando nos jun­tamos. Cero poses y nos caemos a verdades. Por eso nos reímos tanto. Descubrí el secreto, su esposa Karli­ta. Ella es la joya de esta familia que han formado, que tiene a los hijos de Adal enamorados de la güera, cómo cariñosamente él le llama.

Por cierto, andan haciendo la tar­ea con ganas, así que en cualquier momento nos dan la sorpresa. Ella lo acompaña a muchas de las plazas en el interior de la República cuando está de gira y uno que otro domingo también está en los foros de TV Az­teca, echándole porras a su amor. Y es la única manera. Servir, estar para el otro. Ese es el secreto de la felicidad y no saben el gusto que me da que estos queridos amigos la gocen y nos com­partan también de su gracia. Porque lo bueno se contagia.

Ahí estuvimos riéndonos como bobos con las anécdotas de Adal. “Ya tienes material para El manual de la buena esposa”, me dice Karlita. Yo aproveché también para ventilar una que otra intimidad de pareja y Adal aclaró que él y yo, no le dába­mos chance a los demás en la mesa de hablar. Andábamos peleándonos por el micrófono y eso que no había cámaras. “Tengo que esperar a que respires para yo entrar a hablar”, le dije.

Karla de la Mora, es la culpable total de la energía tan bella que se respira en su hogar. Siempre tiene una palabra de agradecimiento, de generosidad. Es lo máximo. Moraleja, hay que juntarse con gente buena. Bien dicen que uno termina sien­do como las cinco personas con las que más tratas o te rodean. Eche un vistazo a su alrededor o hágase amiga de Karlita o búsquese una parecida. Gente buena hay y mucha el chiste es no soltarlas y procurarlas cuando aparezcan en su camino. Así le hizo Adal y vaya que le está funcionando.

¡A gozar que el mundo se va a acabar! Bodas de papel están cele­brando mis queridos Adal Ramones y Karla. Les deseo cumplan las de Plata, Oro y Platino, y que por supues­to nos inviten al festejo. Aquí en mi columna les estaré contando. Nos lee­mos próximo viernes en El manual de la buena esposa.