Obrador huye de los reflectores

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CIUDAD DE MÉXICO.– Como hace más de 40 años lo hiciera con las brigadas de apoyo para los indígenas chontales, en su natal Tabasco, Andrés Manuel López Obrador vuelve a hacer trabajo de tierra, trabajo de campo, ahora en el corazón de la Selva Lacandona, Chiapas. Pero ya no como un líder social con recursos muy limitados, sino con el virtual poder de la Presidencia de México, que formalmente asumirá el 1 de diciembre.

Al estilo del general Lázaro Cárdenas cuando fue presidente (1934-1940), López Obrador pintó su raya de los reflectores este fin de semana. Incluso pidió comprensión de los medios de comunicación, porque no serían invitados a su inmersión con la comunidad lacandona.

“Tengo un viaje. No es una gira. Es una investigación en campo, pero no puedo ir con medios, porque me quita la posibilidad de hablar con más franqueza con la gente. Con las cámaras se puede inhibir la gente. Voy a la Selva Lacandona”, explicó, previo a su viaje, el cual es un enigma, y sólo se sabrá lo que él quiera contar este lunes, como lo prometió.

López Obrador fue muy claro en reiterar que no tenía contemplado reunirse con el subcomandante Marcos, dirigente del Ejército Zapatista, ni con otros líderes de ese movimiento.

Por ello el proyecto de López Obrador: visitar a los indígenas, productores, campesinos de esta región, también conocida como “Desierto de la Soledad”. Ahora no es el líder social, que con esfuerzo llevaba brigadas de salud, de alimentación, de educación con los chontales.

“Quiero ver qué tipo de superficie hay, los terrenos comunales, los ejidos. Quiero preguntarle a la gente qué opina, qué quiere. Vamos a recoger los sentimientos del pueblo, que siempre es sabio. Si estoy nada más en la oficina me voy a volver tecnócrata”, dijo.

A este viaje le acompañó el responsable del Programa de Reforestación del Sureste, Hugo Chávez.

El viernes por la tarde, fue lo último que declaró Obrador y se esfumó. Sólo un usuario de Facebook tomó y difundió una imagen del futuro presidente, ascendiendo por la escalerilla al avión que lo llevó a Chiapas.

El fin de semana reinó la tranquilidad en la casa de transición del tabasqueño. Sólo algunas personas llegaron a buscarlo, pero todos fueron atendidos fugazmente por el vigilante: “el licenciado López Obrador no está… yo no puedo recibirle ningún documento… venga mañana”, palabras más, palabras menos, les decía.

Así fue el fin de semana de AMLO: fuera de los reflectores e inmerso en la selva.