Agárrense que ya viene MasterChef

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Daniel Bisogno

Así es señoras y señores, ya está en pro­ceso el nuevo MasterChef, que no es por intrigar, pero a mí me encanta desde su primer edición en México, y como la verdad a mi me encanta cocinar, pues es un desfogue, una catarsis para mi alma, un silencio a mi perversa men­te, mientras pico la cebolla pienso en cuanta visera desearía yo descuartizar, mientras zancocho la berenjena, pienso en cuanta tortita se quisiera uno dar y así sucesivamente, o sea que freno mis instintos crimínales a través de la cocina y yo creo que mucha gente piensa como yo, así que en una de esas, la cocina evita crímenes, por eso en cuanto me invi­taron a grabar un especial para fin de año, del cual no puedo contarles mucho, pues hasta firmar me hicieron, me llené de una inmensa alegría pues al fin po­dría evitar crímenes en televisión abi­erta nacional, además de que acá entre nos, siempre había querido cocinar en esa famosa cocina de MasterChef, como Anetita Michelle, después de todos los años que hemos trabajado juntos me diga que me queda un minuto para entregar mi plato, que los chefs, Benito, Betty y Herrera, me hagan una crítica sobre mi platillo, pues ¿qué creen? ¡Can can can can can can can! Pues que todo eso lo voy a vivir en ese especial, ¡así que no se lo pueden perder! Me pueden ten­er una profunda envidia, pues yo ya con­ocí y conviví con todos los participantes de esta nueva temporada y les tengo que decir que hay unas historias verdader­amente estrujantes, unos personajes fantásticos, unas historias de superación que ustedes no van a dar crédito, pero hay uno en especial que fue con el que afortunadamente me tocó cocinar, que si usted recuerda aquel documental que se llamó Presunto culpable, pues de aquí podría salir todavía una mejor película, es una historia de injusticia que no va a dar usted crédito, se va a acordar de mí cuando lo vea, así que mi cosita en MasterChef fue toda una mezcla de sen­timientos, la felicidad que me dio estar ahí, el coraje, la rabia y la tristeza que me dio conocer el caso de mi compañe­ro de cocina, el desmadre que eché fue maravilloso y miren que el programa se graba allá por el rumbo de Huixquilu­can, donde el viento da la vuelta, donde ni las águilas se atreven a ir, pues hasta allá fui a dar, en unos foros que son como la antesala del infierno, pues ya no hay nada más allá, pero vieran que buena organización tiene ese programa, fantástica producción que tiene abso­lutamente todo medido, ensayado y perfectamente pensado, además es un placer cocinar con los mejores sartenes, con los mejores cuchillos y con lo mejor de lo mejor en ingredientes y artículos para cocina, así si dan ganas, no como mi pinche sartén, que en mi casa ya de tan delgadito van varias veces que las llamas lo atraviesan, no, aquí no, aquí sartenes de hierro, licuadoras de las que no se atoran ni huelen a quemado, no, aquí todo muy pipirisnais. Así que ya me verán salteando y marinando en Mas­terChef. He dicho.