La final más improbable…

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Moscú, Rusia.– Las probabilidades fueron en contra de todo. Hoy se cumplió un presagio que llevaba años en el tintero: el chico le pegó al grande, se puso en papel rebelde, rompió con todos los pronósticos. Las distancias se acortaron.

Que Alemania no pasara de la Fase de Grupos, pues cayó ante México y Corea del Sur, fue el primer capítulo increíble en esta Copa del Mundo, le siguió la eliminación de España, a manos del de casa, Rusia, y por su puesto el golpe fulminante de Bélgica a Brasil en los Cuartos de Final, al derrotarlo 1-2.

Sin embargo, la campanada la dio precisamente uno de los protagonistas de la gran Final de este domingo en el Estadio Luzhniki, Croacia, que buscará alargar su Cuento de Hadas ante Francia.

Los belgas suponían llevar a todas luces el título de Caballo Negro; sin embargo, hoy son los de la ExYugoslavia, quienes gozan de tal distinción, a partir de construir un camino a base de corazón y gallardía. Está claro, el gran favorito es el conjunto dirigido por Didier Deschamps, pero después de todo lo que sucedió, ya cualquier cosa podría pasar en territorio moscovita.

MENOS SINUOSO

Les Bleus se instalaron en el platillo estelar después de ganar el Grupo C, gracias a una cosecha de siete unidades, producto de dos victorias, ante Australia (2-1) y Perú (1-0), y el par de roscas ante Dinamarca.

En la instancia en la que ya no caben las segundas oportunidades, pasó de forma clara sobre Argentina (4-3) y Uruguay (0-2). Vaya numerito, lo hizo por encima de dos gigantes de América, contribuyó echando a dos de aquel continente; los belgas ya se habían encargado de la canarinha.

Y fue precisamente ante el combinado de los Países Bajos, que redondeó su trayecto con destino a la disputa por el título de Rusia 2018. Muchos criticaron las formas, pero qué más da, si están en un sitio exclusivo para dos.

DESGASTANTE

En su Batallón, el D, los croatas dieron cuenta de Nigeria, Argentina e Islandia. Derrotar a Lionel Messi y compañía obviamente no parecía presupuestado, aunque eran los primeros visos de lo extraño y sui géneris que sería este certamen.

Pero la ruta para los balcánicos fue desgastante, y entonces el corazón los sacó avante. Ante los daneses fue la primera prueba extrema, pero fueron más certeros en la ronda fatídica desde los once pasos. El siguiente sinodal, nada más ni nada menos que el engorroso anfitrión del torneo, dio para entregar una de las mejores eliminatorias de toda la competición.

El desenlace, otra vez en los penaltis, jugó a su favor. La prueba más reciente, la última, fue sorteada de manera excelente en 120 minutos ante los ingleses. En cinco se vieron abajo en el marcador, pero ya en el 109’, otra vez en los tiempos extra, tenían la llave en la mano y el boleto más añorado en el bolsillo.

Es sin duda, la Final más improbable, pero como dirían los de antaño, que ruede el balón, hay que jugarse.