Trump y Putin

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Rafael Loret de MOLA

Con tanta discreción que la ponderada actitud y el mesurado discurso de éste permitió confirmar la especie contra las versiones de los escépticos que convirtieron en “memes” los señalamientos.

Por lo pronto, el “pato” Donald Trump ya ha sido invitado a la toma de posesión del nuevo presidente de México, bajo el alud de poco más de 30 millones de sufragios; es él, el mexicano más votado de la historia.

Sabemos que Alfonso Romo fue el artífice de la relación bilateral entre el candidato vencedor y el presidente de EU, cuestionado por su desaseada elección, bajo el peso del hackeo descarado de los rusos, reconocido por propios y extraños.

Pocos nos hubiéramos imaginado que la democracia en México, pese a los focos rojos, sería en esta decena superior a la de Norteamérica, presentada siempre como ideal por la derecha y los prestanombres de las grandes multinacionales aunque evidentemente caduca.

Y lo fue desde 2000 cuando Al Gore prefirió exaltar al sistema antes de pelear en su triunfo, manoseado en Florida. En la misma línea, quien “planchó” la ruta entre Rusia y el mandatario próximo fue Marcelo Ebrard Casaubón, el futuro Canciller y el mejor discípulo del extinto Manuel Camacho Solís.

Por cierto, el futuro presidente tendrá, al momento de asumir el mayor cargo, 65 años de edad, dos más que Adolfo Ruiz Cortines, en 1952, a quien llamaron “el viejo”, hasta que el propio personaje aclaró: –Bueno, ¿para qué me quieren? ¿Para presidente o para semental? Los tiempos han cambiado y la pareja que integra AMLO con su culta y bella mujer, Beatriz Gutiérrez Müller, es una carta fuerte para el arranque de un gobierno que tantos esperan distinto aunque, para este crítico irredento, conlleva una enorme falla: la composición del Legislativo, con el refrendo al viejo mayoriteo priista, es deplorable.