Diario Basta!

Con el sazón ruso…

San Petersburgo, Rusia.– Carne con chile, quesadillas, burros, sopa de maíz, porque se escucha con más caché, tacos, son uno de tantos platillos que aparecen en la carta. Y justo cuando pides unas enchiladas, y al verlas servidas en ese plato tan elegantioso, enseguida te remontas a uno de los capítulos del Chavo del 8, cuando éste le entró al negocio de vender aguas.

“Ésta que parece de limón, es de piña, pero sabe a tamarindo”, decía aquel chaval interpretado por Chespirito, en la tan popular serie. Chaaa. Esto mismo sucede en La Cucaracha, porque cuando esperábamos degustar las tradicionales tortillas freídas, bañadas en salsa roja, verde o mole, rellenas de pollo y adornadas con crema, queso y cebolla (hasta la boca se nos hizo agua), nos salieron con la puntada y buena broma de que era un burrote, aunque igual sabía bien chido.

Y es que al final, qué más da, si por supuesto la peor barbaridad es buscar food azteca en la gran nación eurosiática, dirán muchos, teniéndola todo el año en el hogar.

Aquí el detalle por supuesto es la presencia, el cúmulo de emociones que provoca el que un ruso ponga millones de rublos para levantar un grandioso restaurante que ondea la bandera Tricolor.

Maxim, como muchos empresarios en todo el planeta, apostó su varo a lo Hecho en México. El Chicharito dice: “Imaginemos cosas chingonas”, y ésta es una tangible, pues a partir del arte culinario de los nuestros, el país siempre está presente en cada rincón recóndito del mundo.

Este lugar, acogedor a más no poder, es un lujo para quienes pueden degustar de la comida de un chef que estudió precisamente cocina mexicana y americana, en las mejores escuelas del tipo.

Taranga es de Sri Lanka, y se presenta como la gran estrella frente a las brasas, aunque si algo no les gusta a los clientes, habrá que irse sobre de él. Mientras, la vista es enarbolada por originales motivos del Día de Muertos, una fecha y celebración nuestra, tan llamativa en todo el horizonte.

Sólo nos quedó una duda: La vaca de la entrada y el toro que te recibe… ¿Será que nos saben algo, o sólo nos hablan al tanteo?, por aquello de los cuernos, wey. Tssss.