Capital cultural

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Rodrigo Mojica

San Petersburgo, Rusia.– Fue el antepenúltimo compromiso pambolero, y la penúltima parada, que por supuesto no podía dejar pasarse, porque este sitio es realmente majestuoso y espectacular. Había que conocer y convivir con los petersburgueses.

El clima, más acorde a lo que seguramente es Rusia, sin llegar a los extremos, al menos ya se sintió frío, y ahora sí fue necesario andar abrigados, porque lo gélido igual puede pegar en serio, según sea el caso.

Y el arranque de la aventura, desde que salimos de la Estación del Tren, presentó una estampa extraordinaria. Una arquitectura preciosa, edificios con ese toque de romanticismo antiguo, pero con el sentido claro de que San Petersburgo es una metrópoli moderna.

El subterráneo, que en palabras más de casa diríamos es el Metro, es igual de increíble que el moscovita, aunque está el agregado de que una de las Líneas, la 7 Verde, se asemeja más a la que te transporta de una terminal a otra, casi en todos los aeropuertos del mundo.

Y para llegar al Estadio Krestovski, edificado en la Isla del mismo nombre, por el arquitecto japonés Kisho Kurosawa, que es casa del Zenit, tuvimos que sortear el Puente del Yate (Yakhtennyy Most), para pasar por encima del Golfo de Finlandia.

Esta zona es una ciudad Puerto de Rusia, que durante dos Siglos se convirtió en la capital imperial, y fue fundada en 1703 por Pedro el Grande, nada más para que se den un quemón.

De hecho, esta zona sigue siendo el centro cultural del país, una parada obligada para los turistas, con lugares como el ultramoderno Teatro Mariinsky, en el que se presenta ópera y ballet, y el Museo Estatal Ruso, que exhibe arte nacional, desde pinturas de íconos ortodoxos, hasta obras de Kandinsky.

Aquí, galos y belgas buscaron su pase a la gran Final de la Copa del Mundo, con la etiqueta de que el ganador será el favorito en el juego decisivo, a disputarse en el Estadio Luzhniki, pero esa es otra historia.