Olga ya es mexicana

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Rodrigo Mojica

Moscú, Rusia.– Justo cuando las ideas parecían agotarse, pues luego de casi un mes lejos de casa, el rigor de darles forma a las letras también se extravía, se presentó ante nosotros la historia más auténtica en la gran nación euroasiática.

El taxista ojete, el taxista chido, el todas mías, Dimitriv, Aleksandr, Eric, y tantos más, han sido aderezo, colorido para la ya famosa página 8 acá en Rusia, pero rubricar a Olga en estas líneas fue punto y aparte.

Ella, una mujer de 52 años, quien tiene una sola hija que está a punto de casarse por segunda vez, le entró a esto del hospedaje a través de una aplicación, y se mostró, literal, ante el mundo.

Inteligente, perspicaz, amable, detallista, pero sobre todo servicial, encontró la manera de que el idioma no fuera un obstáculo para la comunicación con sus huéspedes, quienes durante el Mundial, y tomando como base que Samara albergaría seis duelos, se perfilaban para ser muchos.

Con tableta en mano, y un programa para traducir a partir de la escritura o también por voz, aunque fueron las menos veces, la orgullosa abuela samarense fue la anfitriona perfecta.

Pero dentro de toda esa camaradería y la pinta alegre que siempre mostraba, estaba igual el detalle oculto, una pregunta recurrente: ¿Por qué parece que siempre está sola?

Ayudados por su pequeña compu que revelaba idiomas, nos atrevimos a pedirle una entrevista, a la vieja usanza, por escrito, para facilitar las cosas. Segura, sin objetar, aceptó entrarle al reto preguntón, y éste fue su relato, textual. Comenzó por el principio, como tenía que ser: “Hola, me llamo Olga. Tengo 52 años. Nací y vivo en Samara. Tengo una hija de nombre María, 32 años, y una nieta, Verónica, de 10.

“El 20 de julio mi hija se casará por segunda vez. Trabaja como agente inmobiliario”, con suerte y hasta boda hubiéramos tenido del otro lado del charco.

Continúa, y revela porqué animarse a recibir a extraños en el terruño: “Durante el campeonato llegaron visitantes de Australia, Colombia, México, Suecia.

La Copa del Mundo para mí no es sólo una forma de ganar dinero, sino también una oportunidad única para reunirme con gente de otros países”.

Admirada y siempre presumiendo sus raíces, se dice complacida porque ésta fue la vitrina justa para que las miradas no siempre se centren en Moscú, pues su país ofrece mucho más.

“Anteriormente los extranjeros sólo vinieron a la capital. En Samara viven casi dos millones de habitantes, nuestra ciudad se considera pequeña, periférica. Los ciudadanos extranjeros rara vez se pueden encontrar aquí”.

Tal vez es a manera de quedar bien, de agradecer ser parte del Rodlando, lo cierto es que sus frases son exactas para provocar nudos, porque el verde le cautivó y, lo mejor, es que lo expresa a partir de un discurso emotivo.

“Me siento en casa en el sofá, veo el futbol, los mexicanos se sientan a mi lado, y no estoy preocupada, no tengo miedo. He visto gente de países lejanos en mi casa. Por supuesto somos diferentes, con otra idea. Tenemos diferentes culturas, pero somos iguales.

“Los mejores invitados fueron mexicanos. El primero, Alexander, un joven maravilloso y educado, me ayudó a comunicarme con los demás. Lo miré y pensé que quería tener un hijo así. Qué hermoso país ha criado a este hombre. En general, todos los mexicanos representaron dignamente a su país. Ahora México tiene una excelente reputación en Rusia”.

Apenada, se disculpa, porque “no tengo buenas condiciones de vida. no hay aire acondicionado, puertas en todas partes, pero los mexicanos no estaban aturdidos, estaban satisfechos, agradecidos siempre, amables.

Estoy orgullosa de vivir en un país tan grande y multinacional. Los rusos tienen una gran alma, siempre están dispuestos a ayudar y dar lo último que tienen, pero no me negaría a ser mexicana.

“Tal vez algún día llegue a México. Ahora sé que estaré allí como en casa. ¡Con amor, Olga!”, finaliza, y hoy también ya es de las nuestras.