El futuro

64
FOTO: MISAEL VALTIERRA / CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

El debate se centra en si el antiguo “mayoriteo” que aplastaba cualquier controversia con la oposición es funcional desde la gobernabilidad o si, tener un Legislativo como contrapeso a excesos del poder es signo de la salud democrática y, sirve para detener el antiguo autoritarismo presidencial.

Desde luego, el fin del “mayoriteo”, por cuanto el imperio de las consignas partidistas, no consolidó la democracia en el 2000 cuando el señor fox se hizo cargo del Ejecutivo y acabó solicitando quitarle “el freno” al cambio asegurando que era, la oposición mayoritaria en las Cámaras, lo que restaba cualquier iniciativa suya hasta asfixiarlo; el pobre vicente, en su egocentrismo mayúsculo, desperdició la mitad de su mandato quejándose de su impotencia y en manos de muchas faldas” de Marta Sahagún… tal y como se pretendió recrear en la Puebla aristocrática de los Moreno Valle.

El futuro presidente de México, Andrés, tendrá una mayoría casi excesiva en las Cámaras. 307 diputados y 69 senadores, una cuota no alcanzada desde la reforma de 1991 que condujo al país hacia el tercer milenio con predicciones fatales para el entonces partido oficial; y si éste, el PRI, regresó al poder presidencial en 2012 se debió al pésimo desempeño de los mandatarios de la derecha, fox y calderón, y el uso mediático a favor de un priista sin raigambre, y con un gobierno irregular en el Edomex como única tarjeta de presentación.

Cabe ahora esperar, por el bien de México como reza el señor López Obrador, que el nuevo Congreso NO sea lacayuno porque con ello se convertiría en cuanto más aborrecen los mexicanos: la abyecta complicidad de la clase política demasiado manchada por los cuatro costados.

De buena parte de ello depende que el futuro presidente conserve credibilidad y la esperanza de millones de mexicanos.