Cómo hablar de sexualidad con los hijos

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ESTE PLÁTICA NO TIENE QUE SER ESPINOSA NI INCÓMODA, SI SABES CÓMO CUÁNDO ABORDARLA CON ELLOS

La educación sexual es un proceso que dura toda la vida. En función de la etapa de desarrollo existen distintos grados de interés. La educación sexual en la familia no se limita a explicar cómo vienen los niños. Debe mostrar cómo adquirir información, formar actitudes y valores sobre la identidad, las relaciones y la intimidad. Incluye el desarrollo sexual, la salud reproductiva, las relaciones interpersonales, el afecto, la intimidad, la imagen corporal y el género. Concierne a las dimensiones biológicas, psicológicas y socio-culturales.

Cuando padres y madres quieren hablar con sus hijos e hijas sobre el sexo y la sexualidad, en la mayoría de las ocasiones surge la angustia sobre qué decir y cómo decirlo. La inseguridad está presente desde el comienzo. No se sabe cómo ni cuándo tocar el tema, y se evidencian dudas sobre los propios conocimientos y la veracidad de los mismos, sobre cuánta información ofrecer, qué datos son necesarios o cuáles innecesarios. A esto se suma la percepción de que los hijos propios no se hacen nunca suficientemente mayores, con lo que es difícil saber a qué edad hay que hablar de sexo.

Es bueno partir admitiendo que las principales causas del miedo y la resistencia a hablar de sexo con los hijos e hijas son los temores personales. El padre y la madre se encuentran en una situación en la que perciben la propia desinformación, dudan incluso sobre qué es en realidad la educación sexual y para qué sirve, se enfrentan a ideas erróneas e incluso falsas, y a la influencia de los medios de comunicación, que conduce muchas veces a tener una imagen distorsionada de la relación paterno filial.

Además, transmitir información sobre el sexo es exponer el sistema de valores. Por eso es tan importante conocerse previamente uno mismo y, si es necesario, realizar un ejercicio de autoformación.

INFORMAR, EDUCAR Y ORIENTAR

Varios estudios demuestran que los niños y jóvenes que tienen confianza con sus padres y madres a la hora de hablar sobre sexo la obtienen porque confían en la comunicación en general. Ésta se ha adquirido porque se ha hablado de forma abierta de todos los temas que han surgido y porque se ha escuchado a lo largo del tiempo los puntos de vista de los diferentes miembros de la familia. En ocasiones se habrá dejado para más adelante una profundización de un tema, pero nunca se ha negado su existencia. Esta buena comunicación se ha demostrado como el arma más eficaz para evitar comportamientos de riesgo en relación con el sexo, incluso los datos demuestran que la iniciación es más tardía y desde una perspectiva más segura y libre.

ADMITIR LA INCOMODIDAD SI LA HUBIERA

Mientras más información tengan los padres y madres sobre la sexualidad, con más confianza hablarán con sus hijos e hijas. Si los padres y madres se sienten inseguros por su falta de conocimientos, pueden acudir a un libro (ver sección de recomendaciones de lectura para padres y madres). Tampoco está de más consultar con un profesional de la salud o de la educación que consideren preparado, o solicitar consejo a alguien a quien se confiera autoridad. Si los padres y madres se sienten incómodos ante la perspectiva de abordar este asunto, lo más adecuado es ser francos y admitirlo, por ejemplo, de la siguiente forma. “No me siento muy cómodo cuando surge el tema del sexo porque nunca lo he hablado con mis padres. Pero yo quiero que nosotros hablemos sobre cualquier tema, así que, por favor, si tienes alguna duda, pregunta. Y si yo no conozco la respuesta, te prometo que voy a investigar”.

PRIMERAS PALABRAS

De sexo hay que hablar con los hijos e hijas desde una edad temprana, porque no se pueden improvisar vínculos de comunicación cuando se considere oportuno y pertinente. Si así se hace, se corre el riesgo de llegar tarde a entablar una relación que permita exponer puntos de vista de toda la realidad, o de parte de esa realidad, y se conviertan en tabú algunos temas, entre los que los relativos al sexo son quizá los más sensibles. Además, la enseñanza a los hijos de conceptos sobre sexo requiere de un flujo de información suave y continuo que otorgue un cierto grado de anticipación. Por ejemplo, cuando se enseñen las partes del cuerpo, algo muy común cuando se aprende a hablar y cuando se comienza a señalar las cosas de las que se conoce la palabra, no hay que olvidar el pene ni la vagina.

TOMAR LA INICIATIVA

Es pertinente que los adultos tomen la iniciativa. Si el menor no ha formulado pregunta alguna sobre la sexualidad, hay que aprovechar cualquier oportunidad que surja. No se trata de mantener una conversación artificial, pero sí de estar atento a la necesidad de sacar a colación el tema, porque aunque no sea a través de sus progenitores, el niño o la niña van a estar en contacto con la sexualidad, y conviene no negarlo.

PREGUNTAS DETONADORAS

Ante el comentario de que la madre de uno de sus compañeros de escuela está embarazada, se pueden hacer preguntas como las siguientes: “¿Te fijaste en que la barriguita de la mamá de David crece cada vez más? Lo que sucede es que ella va a tener un bebé y el bebé está dentro de su vientre. ¿Tú sabes cómo llegó ahí?”. A partir de ahí, el niño puede comenzar a preguntar y a exponer comentarios que sin duda habrá oído. Luego solo queda permitir que la conversación siga su curso.