Claudia escucha, pero… sigue su instinto político

A la virtual jefa de Gobierno se le ve más seria, más formal e impositiva

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Ian Soriano

Grupo Cantón

Una de las características de una Ciudad democrática es el relevo de partidos. El primer pacto de transición entre el Gobierno entrante de Morena y el saliente del PRD, lo protagonizó ayer la candidata que postuló la coalición Juntos haremos historia, Claudia Sheinbaum, y José Ramón Amieva.

La virtual ganadora de la Jefatura de Gobierno y el sustituto jefe de Gobierno que dejó Miguel Ángel Mancera, intercambiaron sonrisas, saludos institucionales e ideas de la transición con la que están obligados cumplir de aquí al 5 de diciembre.

Claudia Sheinbaum arribó al antiguo Palacio del Ayuntamiento vestida de color beige, un tono que no se le vio durante toda la campaña electoral a lo largo de las 16 delegaciones.

En los eventos más “importantes” u oficiales (como el AMLOfest), Claudia suele atajar su cabello con una pinza y dejar caer sus caireles al natural. Se le aprecia más sería, más formal e impositiva.

Su jefe de Prensa nos ha comentado que aunque es una mujer que escucha cada consejo de sus asesores, le gusta seguir su instinto político y femenino. Y es así como se desenvuelve en su nueva investidura de virtual jefa de Gobierno.

La naturalidad es algo que no puede ocultar la futura Jefa de Gobierno. Y esa característica la deja salir en cada discurso: sinceridad y palabras directas.

Comentó a los medios de comunicación que el proceso de transición lo llevará a cabo sin utilizar los 30 millones de pesos que legalmente están presupuestados para esa etapa. “Mejor que los destinen a la reconstrucción”, dijo la política y científica egresada de la UNAM.

Ya pisó las escalinatas, los mosaicos, recorrió los pasillos que otros jefes de Gobierno (hombres) caminaron. Esta vez, quien dirigirá el rumbo de la capital del país es una mujer dispuesta a borrar la corrupción para que todo lo demás encuentre un sentido con el Gobierno de Innovación que implementará, basado en regresar a los jóvenes tres derechos que -a su parecer- habían perdido: educación, cultura y deporte.

Sheinbaum hizo su primera aparición en el recinto que prometió convertir en museo y quitar a los policías de la entrada, para cumplir con la iniciativa morenista de ser un Gobierno cercano a la gente.