Padre a toda madre

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Daniel Bisogno

Ahorita que tengo unos fines de semana de descanso, los primeros de lo que va del año, pues como ustedes saben, Albertano se tuvo que ir de bateador emergente al Mundial ante la enfermedad de Adrián Uribe y tuvimos que suspender temporalmente la exitosa temporada de A Oscuras me da risa, pero regresaremos con más éxito todavía; el caso es que decidí ir como caguama a tirar la hueva a Cocoyoc, es más, decidí llevarme a mi papá también con toda la broza, es decir, mi mamá, mi hermana, mi sobrino, mi hermano, la novia, mi mujer y mi hija, todos con hambre de niños de guardería del DIF, pero pues tenía ganas de pasar el Día del Padre en familia, celebrar a mi papá y a mi hermana, porque es Mapacha, es decir, mamá, papá y chacha, y su seguro servidor que me manifiesto estar totalmente enamorado de mi Michaela, así que se llenaron las cajuelas de exquisitas viandas, porque como lo podrán imaginar, en la casa somos de muy buen diente, así que ya imaginarán la cantidad de tragadera, además de que se iban a matar dos pájaros de un tiro, por un lado festejar el Día del Padre y por otro ver el Mundial, incluido el partido de México, por supuesto, así que como la Familia Burrón, decidí pasarlo y alejarme unos días de este medio artístico con sus escándalos y tumultos, para acercarme más a lo terrenal y vaya que lo conseguí, me levanté a la hora que se me hinchó la gana, lástima que se me hinchó temprano, pues con eso de que los partidos del Mundial hay unos que empiezan a las 5 de la mañana, hora de la CDMX, pues luego hay que madrugar si es qué no te los quieres perder, pero acá entre nos, sí me emocioné la mañana del domingo antes del partido de México, pues mi Michaela me regaló del Día del Padre, un mapa celestial del día que nació, es decir, cómo estaban acomodadas las estrellas cuando vino al mundo, y enmarcado para colgarlo en la pared y recordar el día más feliz de mi vida constantemente, además ya bajó, con sus dos añitos de edad, pero ya con su playerita de la Selección Mexicana, lista para apoyar a México, claro está que todavía se me salieron más las de cocodrilo cuando mi sobrino Iñigo, llegó a darle a mi papá, o sea a su abuelo, un trabajito que hizo en la escuela que decía “Te amo papá”, y como en realidad mi papá es quien ha sido el suyo también, pues ya saben esos señores que nunca quisieron responsabilizarse y echan hijos al mundo y los infelices no se encargan de ellos, bueno pues mi papá sí lo hizo, así que fue muy emotivo ver cómo mi papá lloraba de la emoción y mi hermana también, que cómo buena Mapacha ha dado su vida entera al niño. Después de estas emocionantes escenas vino el partido, no sin antes reventarnos unos molletes que hice con los frijoles refritos en manteca, con su quesillo de Oaxaca y con un pico de gallo que quedó majestuoso, con cebolla, jitomate, cilantro, chile cuaresmeño rojo, aceite de oliva, limón y sal de mar, una joya, evidentemente mi papá se refinó cuatro de un solo sentón, mi mamá otros tantos y por ahí el resto de los Burrón, luego vino el partido, dos horas de sufrimiento al borde del paro cardiorrespiratorio, como cada que juega la Selección, sufrir hasta el último segundo, pero en esta ocasión el desenlace fue distinto, por primera vez no sucedió el jugamos como nunca, pero perdimos como siempre, por primera vez, después de la angustia no vino el llanto, vino la inmensa alegría de verle a México el mejor partido de las últimas décadas, por primera vez se le ganó a Alemania en un partido oficial, por primera vez se le gana al campeón del mundo y dando un partido digno de recordar durante los próximos 50 años. Con mi hija, con mi papá, sin duda alguna un Día del Padre a toda madre. He dicho.