Clase media y alta más vulnerable a los movimientos anticiencia

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La gente de clase media y alta, que tiene acceso constante a Internet y a las redes sociales, suele ser la más vulnerable a los movimientos anticiencia, específicamente los antivacunas.

Uno de los riesgos de este desdén es el resurgimiento de casos de sarampión, que puede ser mortal en niños, expuso en la Universidad Nacional, Peter Hotez, experto del Texas Children’s Hospital Endowed.

Aunque la Organización Mundial de la Salud reportó que en 2016 el 85 por ciento de la población infantil recibió la dosis de vacuna contra dicha enfermedad, ese mismo año se registraron más de 89 mil decesos en el orbe por sarampión.

Al respecto, el fundador de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Baylor College of Medicine, en Estados Unidos, enfatizó que la comunicación con la sociedad es clave para combatir esta situación.

En su participación en los “Diálogos con expertos de la ciencia en la UNAM” indicó que “estos grupos están mejor organizados que los que están a favor de la vacunación, por lo que es importante trabajar con las redes sociales, explicar y mostrar que las vacunas no causan autismo. Hay que educar a los amigos y a la familia, y difundir que este movimiento también va en contra de los avances de la ciencia, como la ingeniería genética y los organismos genéticamente modificados”.

En la charla “El Riesgo de la anticiencia global: Los movimientos antivacunas”, Peter Hotez, invitado a México por las Fundaciones UNAM y Carlos Slim, habló del problema no sólo desde la perspectiva de un científico, sino como padre de una persona con autismo, y profesionista que ha sido maltratado por dichos grupos debido a su trabajo e impulso al desarrollo de vacunas para enfermedades emergentes.

Recordó que esta tendencia se originó por un artículo de Andrew Wakefield, publicado en 1998 en la revista The Lancet (la más prestigiada en medicina), en donde vinculaba la vacuna triple viral (sarampión, rubeola y paperas) con el autismo, lo que generó controversia y miles de personas en el planeta dejaron de vacunar a sus hijos.

Wakefield perdió su licencia de trabajo en el Reino Unido y se trasladó a Estados Unidos, en donde logró influir en personas de origen británico asentadas en la Unión Americana. Además, produjo un video en donde reafirmó su teoría.

La revista científica se retractó del artículo, pero hasta 2010; en ese lapso la gente que ha tenido acceso a las redes sociales ha creído en las afirmaciones de Wakefield y originaron un movimiento antivacunas, que ha derivado en que, tan solo en Texas, de 50 a 100 mil niños no sean inoculados.

“Ahora culpan también a los migrantes y promueven la construcción de un muro para que los niños centroamericanos no ‘lleven’ el sarampión a los estadounidenses, cuando son los migrantes los que están en riesgo”.

El año pasado, en Europa se reportaron 20 mil muertes por sarampión (Francia, Alemania, Italia y Serbia), y en lo que va del 2018 se han detectado 13 mil casos en Europa del Este, a tal punto que la OMS publicó una norma en la que recomienda estar vacunado contra esa enfermedad si se planea ir a la Copa Mundial de Futbol en Rusia, refirió el experto.

Finalmente, Hotez remarcó que es la gente de clase media a alta, que tienen acceso constantemente a Internet, la que ha caído en este movimiento, pues cree más en lo que lee en las redes sociales, que en lo que dicen los médicos.