¿Van a debatir?

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Rafael Loret de MOLA

El tercer debate entre aspirantes presidenciales –son tres más uno–, cubrirá la totalidad de los 360 asientos que conforman el gran auditorio del Mundo Maya en Mérida, la de Yucatán, en donde tuve la fortuna de disertar hace unos meses al lado de dos talentos oriundos de esta tierra mágica: Armando Manzanero y el doctor José Antonio Ceballos, mi hermano, impregnado de romanticismo hasta a través de los bisturís lo que es, francamente, difícil de creer.

Además, los protagonistas no sólo responderán a los moderadores –esperemos que les hayan leído la cartilla para evitar convertirse en centros de atención cuando no lo son, como ocurrió el 20 de mayo–, sino al público escogido y también a los internautas. Todo ello en una hora y 43 minutos de acuerdo a las estimaciones de los organizadores del INE. Como vamos será mayor el tiempo de los interrogadores que el de los postulantes, favoreciendo con ello la simpleza de los mismos –acotados–, y desparramando sospechas hasta para cuestiones menos trascendentes sobre el destino de un país enjaulado en una democracia de pacotilla.

El primer tema a abordarse será el crecimiento económico, la pobreza y la desigualdad. Un espacio claramente favorable a Andrés, de Mprena y acompañantes, por el dominio que le otorga el haber visitado casi hasta el último confín del país y adentrarse en la profundidad de sus males; ello no quiere decir que tales enfermedades sociales endémicas serán resueltos sólo con derrama de capitales aunque los candidatos ya se acostumbraron a mantenerse en una especie de subasta –Meade asegura que doblará las pensiones con tal de acarrearse simpatías–, en medio de los escándalos por prevaricación, triangulaciones, desviaciones y, lo peor de todo, lavado de dinero. Denuncias que no podrán agotarse el 1 de julio sino ampliarse hasta sus consecuencias finales.

El segundo tema es el de la educación con sus agregados en ciencia y tecnología. Aquí el joven Anaya lleva la delantera porque pertenece a una generación en la que el futuro se mide por la cibernética, muy ajena a Andrés y no tan extraña para Meade, y la capacidad creativa. La gran reforma educativa debe poner énfasis, no en cuestiones laborales, como hasta ahora, sino en el hecho de que deben reordenarse las capacidades a partir de los nuevos instrumentos de la ciencia y la tecnología, precisamente.

Y para cerrar el menú se hablará de desarrollo sustentable y cambio climático, asuntos en los que Meade es más ducho considerando su capacidad para entender los tsunamis políticos al grado de ser candidato, no militante, de partido en el poder, una cuestión agria, sin duda, que será epitafio para el priísmo. Para la región peninsular. El asunto es de mayor importancia por la recurrencia de los huracanes y las advertencias constantes que son frutos del irresponsable tratamiento de las potencias –sí, sobre todo Estados Unidos–, al ámbito con tal de apostar por una industrialización voraz sin el menor dejo de humanismo.

Cerrada la cuenta, es de esperar que los aspirantes tomen sus posturas y debatan, en serio, antes de caer en el juego de las acusaciones mutuas, de las descalificaciones, sustentadas o no, cuando restan quince días de campaña y tres más para la jornada decisiva… que parece decidida sin importar quién se apunte como el pasajero del cabús en donde se ubican los debates con rumbo hacia Los Pinos.