Se portó súper chido

ARSEN ES LA ESTAMPA DEL TIPO CORTÉS, EDUCADO, PERO SOBRE TODO PACIENTE; UN RUSO A TODA MADRE

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Moscú, Rusia.– каждая мать: “A toda madre”, es la traducción de estas letras. Así como es la escritura de complicada, por supuesto también lo es el idioma, entender esta lengua está en ruso.

Han pasado sólo 24 horas, y la comunicación, está claro, será un obstáculo bastante atractivo por eludir.

Pero el bendito celular, ese mismo que tanto molesta a terceros, pues es casi infaltable, incluso en las charlas entre compas, te saca del problema, del atolladero, hay que buscarle, o mueres cerca de tu tierra haciéndole al mudo.

A las 4:30 horas locales de ayer, tras una escala en territorio romano, por fin llegamos a Rusia. Temprano, pero sin sueño, porque igual el cambio de horario ya hace mella en el cuerpo, estábamos ahí, en la sede de la Copa del Mundo.

Había que tomar el tren para dejar atrás la enorme terminal aérea, y para de paso llegar a una zona más urbana, en donde ya se escucha el ruido y la locura de una gran metrópoli como lo es Moscú.

Nos acercamos a nuestra morada, al sitio que servirá, de entrada, durante 10 días, como un terruño con ese toque intruso que produce tanta nostalgia.

Aún sin los rublos suficientes para hacerle frente a esta nación, lo más práctico y a la mano fue tomar un taxi.

Encontrar la dirección para un experto chafirete de estos lares fue un verdadero trabuco, vaya problemón.

Pero nos llevó al sitio, aunque no al justo, y ahí, después de batallar con las frases de las doñas que trataban de explicar no sé qué, apareció el primer ángel salvador moscovita en esta aventura.

Todo hacía suponer que no era precisamente ese hogar el que buscábamos. Un hostal, todavía no, pues las monedas en el primer día no son problema.

Y fue Arsen, quien está de paso en esta zona, el que pudo salvarnos, y evitó que nos quedáramos en donde no debíamos.

Después de entender que había que utilizar el traductor del cel para librarla, hasta la hizo de intérprete para que fueran en nuestro rescate.

Pero el par de damiselas, que sólo por si acaso ya habían completado el check in, igual se portaron, como diríamos entre vales, la banda. Antes de enfadarse por despertarlas tan temprano, tipo las 8:00, hasta nos invitaron un tesito para los nervios, porque a pesar de los sabios consejos de mi amigo César Cerón, aquí se siente frío.

Arsen nos salvó, se portó a toda madre, y de alguna forma aminoró la mala onda del trabajador del volante, quien nos aplicó la primera por ser forasteros, pues se cobró a lo chino. No, más bien a lo ruso. Él: ¡Qué poca madre!