Nuevo congreso

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Archivo / cuartoscuro.com
Rafael Loret de MOLA

El cuarto de guerra de Andrés, cada vez más efusivo en víspera de la última quincena de campaña, a partir del tercero debate, en Mérida el próximo martes 12, celebra que los medios internacionales den por hecho no sólo la inminente victoria de Andrés –para gran dolor de los empresarios que han abierto la brecha entre multimillonarios y depauperados–, sino incluso una aplastante representación de Morena en sendas Cámaras del Congreso de la Unión, amén de seis gubernaturas y toda una aureola política que consolidará un gobierno repleto –y ésta es la parte negativa–, de personajes siniestros provenientes de lo peor del PRI y del PAN.

De ocurrir lo anterior, tal y como lo diagnostican los expertos –no encuestadores sino analistas que han hecho labores de campo, distrito por distrito–, el partido creado por Andrés, de manera unilateral y sin fisuras democráticas –todo ha sido personalismo puro y esto no es sano para el desarrollo de un gobierno “por y para el pueblo”–, tendrá una representatividad mayoritaria en la Cámara de Diputados, entre 250 y 298 militantes, además de un 34 por ciento de los senadores de la próxima Legislatura, esto es entre 46 y 54 representantes de un total de 128; la Cámara Alta sería el talón de Aquiles de la nueva primera fuerza del país a partir del 1 de septiembre y acaso el único real contrapeso, en cuanto a las instituciones políticas, de un gobierno mucho más blindado que el de las alternancias anteriores.

Recuérdese el “freno al cambio” del que se quejó el señor fox cuando ni las “muchas faldas” de su consorte pudieron frenar el aislamiento notable del presidente ante un Legislativo que mandó a volar cada iniciativa –bastante incongruentes, por cierto– que surgió de la casona de Los Pinos convertido en búnker de las ideas retrógradas, del antijuarismo y de la exaltación de los viejos tiranos, el cuerpo “sacro” de Mont-Parnasee, en París, y Max, el barbado enajenado de Miramar.

Por lo pronto, el tercer y último debate está muy cerca si bien los temas, a simple vista, no parecen dar pie a divagaciones aunque, en la desesperación de Anaya y Meade, las habrá. A tratar: crecimiento económico, educación –ciencia y tecnología–, y desarrollo sustentable con todo y el cambio climático, único que podría derribar a Andrés si surge un volcán en el INE. Pareciera que todo debería transcurrir sobre rieles pero no será así considerando que, ahora sí, es la última oportunidad para provocar a Andrés y hacerle caer en un traspié que sería histórico, inesperado.

Pero si, por distrito, las apuestas son efecto del “efecto AMLO”, como le llaman en los diarios del exterior, no existe duda alguna que el líder de la contienda tendrá especial cuidado en cuidar su cartera –le aconsejamos que no la lleve y la deje depositada en las manos de su talentosa mujer, Beatriz Gutiérrez Müller–, y no rendirse ante la argumentación de quienes tienen lengua larga para juzgarlo y cola inmensa para ocultar sus propios pecados. ¿Nadie va a mencionar los miles de millones –entre 12 y dieciocho mil de acuerdo a dos versiones contrapuestas–, desviados por Sedesol a través de la pecaminosa Rosario Robles Berlanga y la complicidad del propio Meade?

Por eso, como rezan las matemáticas, el orden de los factores no altera el producto; la corrupción, sí.