Desde atrás

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Rafael Loret de MOLA

Dicen sus cercanos que José Antonio Meade Kuribreña es tan leal que por eso no se atreve a registrarse como militante del PRI dado que sirvió a felipe calderón como secretario de Energía y de Hacienda, y luego a enrique peña en condición de titular de Sedesol, canciller y nuevamente secretario de Hacienda. Son muchos años de ambigüedades que se resumen en una palabra: continuismo más allá de las siglas partidistas; acaso por eso, con él, se hace efectiva la fusión PRI-PAN aunque jamás estos partidos hayan formado coalición alguna salvo algún caso estatal –Chiapas con Manuel Velasco Coello, bandera del Verde, y algunos otros–.

Pero, eso sí, Meade no explica por qué esa resistencia a convertirse en militante de un partido, el PRI, que le entregó su bandera para encaminarlo a la candidatura presidencial con el acompañamiento del Verde de los González Torres y del Panal de Elba, dos instituciones familiares manejadas como empresas al servicio de causas gregarias, primero, y de ambición profunda por la avidez de ser recipiendarios de canonjías y hasta de partidas presupuestarias altas; todo es cuestión de cálculos pero ahora, al parecer, se equivocaron.

Por cierto, el PAN se animó a hacer causa común –pero no en todas las entidades– con el PRD confirmando que sobre las ideologías –para tantos, estorbosas y divisorias–, está la partidocracia unida al presidencialismo, la gran asfixia de la actualidad. Y no fue el único, la Morena de Andrés, la mejor vestidita y maquillada de todas las opciones para las elecciones, cayó en la tentación frenética de unirse a la ultraderecha, el PES financiado por Osorio Chong por cierto –en simulada rebeldía contra peña–, para sumar dijo y blindarse ante la posibilidad de un fraude… cibernético.

Retornando a Meade, desesperado por llegar en segundo sitio al último debate, en Mérida el próximo martes 12, quedan muchos pendientes por resolver además de la cuestión de su “no militancia”, tan incongruente que cae en el absurdo. Por ejemplo, mientras se fustiga a Anaya por el asunto de la venta de su nave industrial en 54 millones de pesos, nada dice el candidato del PRI sobre las desviaciones presupuestarias que solapó, con la intervención de la antes izquierdosa Rosario Robles Berlanga –la que fue seducida por el tramposo empresario argentino Carlos Ahumada Kurtz “con todo el corazón”, como reza su autobiografía–, y que pueden alcanzar la nada despreciable suma de 18 mil millones de pesos enviados a universidades que no invirtieron nada y sólo las traspasaron en una triangulación a todas luces fraudulentas, mucho peores a las adjudicadas y reconocidas por Conan, el de Nuevo León.

Con tales credenciales no se puede aspirar a la Primera Magistratura; la postulación de Meade es una bofetada a la democracia, una traición a los priistas y una burla a los mexicanos.