Diario Basta!

De pipa y guante en nuestro salón Savoy

 El fin de semana no hay nada como sacarle brillo a la pista de baile de la ciudadela

EL SAVOY era un salón de baile, en Harlem, en Nueva York, ahí los negros se lucían bailando con las Big Band, iba también la crema y nata de los intelectuales neoyor­kinos para admirarse como baila­ban los negros y eso porque en el corazón del barrio negro había un salón llamado Cotton Club donde no permitían la entrada de la gente de raza blanca.

Ahora en la Ciudad de Méxi­co cuando los salones de baile clásicos están desapareciendo: El Colonia, Smirna… quedan sólo Los Ángeles y el California Dan­cing Club y un montón de lugar­citos y jacalones donde la gente va a bailar, pero los jardines de la Ciudad han venido a sustituir a los salones de baile para la gente de los barrios.

Sí usted gusta divertirse los fi­nes de semana bailando y ligan­do, no hay nada como vestirse de pachuco o de perdis llevar los za­patos boleados para sacarle bri­llo a la pista de asfalto en la Ciu­dadela, ahí es el corazón de los bailarines de la salsa y el danzón.

Si en el Savoy neoyorkino iban los negros vestidos de pipa y guante, acá en la Ciudadela no se quedan atrás, la Ciudadela es un jardín donde se encuentra la Bi­blioteca México sobre la calle de Balderas, este jardín tiene en el centro la escultura del Padre Mo­relos, en frente hay un mercado de artesanías y sobre Balderas un tianguis de libros usados, pelícu­las de arte y libros de novedad.

Si se adentra en el jardín con su pareja quedará arrobado ante el espectáculo, cientos de perso­na están bailando danzón o salsa y lo bailan con brillo y en un ladri­llo, de a cartoncito de cerveza, no, eso solo en los cabarets o en una fiesta cuando hay amor.

No cobran, sólo le piden que vista con elegancia, las mujeres con zapatillas de tacón alto y los hombres con zapatos de tacón cubano, en el escenario hay un sonido potente para bailar, si us­ted gusta de ver bailar, quedará sorprendido por la sensualidad y elegancia con que bailan el dan­zón.

Los hombres huelen a loción y las mujeres a perfume, en reci­pientes de vidrio llevan lo que co­merán en las bancas del jardín en un descansito, es bonito ver a la gente bailar por el simple hecho de divertirse, de explayar su sen­sualidad y ejercer su seducción por la damita deseada o el galán que las atrae, aquí la lección es, no cuesta nada divertirse en la ciudad, digo, que tanto es tantito.