Encuerados en Av. Cuauhtémoc

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Daniel Bisogno

¡Este fue un fin de semana de emociones encontradas público querido! El sábado fue mi cumpleaños y pues como es una costumbre, me lo tuve que pasar trabajando, aunque dicen que es de buena suerte, el caso es que desde el viernes, mi comadre Raquel Bigorra tuvo el detalle de felicitarme al terminar la segunda función, ahí con el público presente, pues ya eran pasadas de las 12 así que ya era mi cumpleaños, pero el sábado, mi comadre se voló la barda pues además de llevarme un pastel exquisito, me llevó mariachis a cantar las mañanitas al final de la función, entraron tocando mientras dábamos las gracias, y a este ser de oscuridad que les escribe, le brincó una brasa de sensibilidad y casi se me escurren las de cocodrilo de la emoción, ahí tienen ustedes a mi compadre Alejandro yéndose hasta Garibaldi, para traerse a los mariachis y toda la cosa, la verdad sí me emocioné, todavía saliendo de ahí me fui a celebrar con mis amigos y ya sabrán ustedes la fiesta que se armó, pero ahí no acaba la cosa público querido. Resulta que el domingo fui a seguir celebrando mi cumple con mi familia, fuimos a entrarle a la comida yucateca, crudo e inundado de papadzules, panuchos de cochinita, frijol con puerco, relleno negro y alguno que otro detalle, después llegué al teatro para las dos funciones dominicales que todavía me faltaban, por suerte alcancé a echarme una jeta, me repuso bastante esa horita de sueño para poder darle a mi público lo que se merece, así que arrancaron las funciones, cansado en extremo le fuimos dando y la gente no paraba de reír, así transcurrió la primera función y el primer acto de la segunda. Arrancamos el segundo acto y justo cuando yo creía que se acercaba la hora de irse a descansar, salí dos segundos para regresar a escenario, y pues que me avisan que está sonando la alerta sísmica, ¿saben ustedes lo qué es tenerle que informar al público que va a temblar y que tienen que desalojar el teatro con calma? ¡Pues se tuvo que hacer! Y la gente de protección civil se encargó del resto, en lo que nosotros huíamos despavoridos por unas escaleras de emergencia que van de los camerinos hasta la calle de Guaymas, y fue todo un show ver a Albertano en calzones sobre Guaymas, esquina casi con Cuauhtémoc, al Macaco disfrazado de la Maestra Resurrección en pijama de seda, a mi comadre la Bigorra en bata y a mi bella Diana Motta en baby doll por toda la avenida, y hasta Benito Castro en bóxers y calcetines, la gente no daba crédito de vernos en la calle así, pero con el pedo que nos sacaron pues ni modo, luego regresamos al teatro y después de que revisaron el inmueble, regresaron al público y continuamos con la función, no cabe duda que hay fines de semana así, con ese sube y baja de emociones. Moraleja.- Ya dejé los laxantes y me siento muy a gusto, pues con la alarma sísmica me zurré del puro susto. He dicho.