Salud emocional incúlcales la cultura del respeto

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Es importante que desde casa se les enseñe a los niños este sentimiento positivo, ya que puede influir en su conducta

El respeto dentro del aula significa aceptar las reglas y las normas que se han acordado y cuidar las instalaciones usándolas de manera correcta sin dañarlas, entre otras actitudes.

Si por ejemplo se insulta, menosprecia, se engaña o se grita sin motivo se pierde el respeto, y con ello, la escuela pierde fuerza a la hora de buscar su fin primordial que es la enseñanza de valores. Además la convivencia será caótica e insostenible y la educación será imposible.

Partimos de la base de que la familia debe ser la cuna del aprendizaje y el fomento del respeto. Si un niño no respeta a sus padres, será difícil que lo sienta por otras personas.

Para poder promover respeto en la escuela, los profesores y los directivos deben hacer cumplir las reglas estableciendo unos límites claros, escuchando a los padres y a los alumnos, negociando democráticamente con ellos y, sobre todo, sirviendo de ejemplo y modelo de comportamiento.

El respeto es algo mutuo, es decir, si el profesor no practica la tolerancia y la aceptación de las virtudes y defectos de sus alumnos difícilmente recibirá mensajes positivos y de respeto hacia él de los estudiantes.

Además, el profesor debe ser visto como una guía que sirve de apoyo a sus alumnos en el proceso de enseñanza y alejarse de la imagen de profesor autoritario al que se debe temer. El miedo es un sentimiento que dista mucho del respeto.

CONSEJOS

OFRECER EL MEJOR ejemplo de respeto entre nosotros, los padres.

SER AMABLES con ellos, enseñándoles el valor de las palabras: por favor, gracias, lo siento y pedir perdón en caso que nos equivoquemos.

ESCUCHAR sin interrumpir sus opiniones, ellos y sus problemas son igual de importantes.

EVITAR DARLES TODO lo que quieren en el momento que lo piden, de este modo conseguiremos evitar convertirnos en “padres cajeros automáticos”.

SER SINCEROS en nuestros mensajes, no mentirles, defraudarles ni engañarles.

HABLARLES SIN GRITAR, los gritos no nos dan más autoridad ni credibilidad ni infunden respeto.