Incongruencias

45
CIUDAD DE MÉXICO, 22ABRIL2018.- Margarita Zavala, Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez previo al inicio del debate presidencial en el Palacio de Minería. FOTO: CUARTOSCURO.COM
Rafael Loret de MOLA

Van y vienen los candidatos en la antesala de su segundo debate, el martes 22 en la Universidad Autónoma de Baja California –centrado en la política exterior, las fronteras y los migrantes–, y ni uno solo de ellos se anima a responder las cuestiones centrales que la ciudadanía exige: la violencia de Estado, los nexos con el narcotráfico, la excesiva apertura a las multinacionales explotadoras y la creciente miseria de la mayor parte de los mexicanos como consecuencia de la corrupción, la pésima administración y las canonjías a los empresarios-cómplices, como Claudio X. González y otros más que suelen meterse a la bolsa a los presidentes en ejercicio sin importar filiaciones ni, mucho menos, ideologías.

Pero también hay otras interrogantes tabúes. José Antonio Meade, quien cada vez se observa más incómodo en su papel de seguro perdedor, no se atreve a explicar cómo el abanderado del PRI a la Presidencia tiene severas reservas para afiliarse al partido que representa y, peor aún, ni siquiera aprovecha su condición de “no militante” para deslindarse de la figura de peña nieto a quien observa como “un hombre honrado” en medio de las burlas de la mayor parte del electorado. Ni milita ni se deslinda, en una ambigua situación que plantea, per se, su inminente fracaso.

Por su parte, Ricardo Anaya Cortés, sigue en su empeño de defender lo indefendible como son los casos de los Yunes en Yuneslandia y de la consorte Martha Erika Alonso de Moreno Valle en Puebla, a quien ha alzado las manos de manera reiterada sin reconocer el grave error derivado de sus simpatía por una cáfila de maleantes y por una dama que sólo aspira a ser un florero más del ex gobernador de la “ley bala”, autoritario y millonario con una familia priista tocándole los talones… y otras cosas.

Tampoco Andrés, el favorito para ganar las elecciones si no se atraviesa la sombra negra del fraude lo que sería una catástrofe social y política estruendosa, se atreve a deslindarse de los muchos ex priistas que le acompañan, desde el miserable Manuel Bartlett hasta sus recientes adquisiciones como “Napito” Gómez Urrutia, Esteban Moctezuma Barragán –cuyos hermanos son morenistas y uno de ellos incluso delegado de Azcapotzalco–, Alfonso Durazo y el propio Marcelo Ebrard; además están los ex panistas Alfonso Romo, Germán Martínez, Manuel Espino –estos dos ex presidentes del PAN nacional–, Gabriela Cuevas… y la rebelde Tatiana Clouthier quien desde el asesinato –no accidente– de su padre, el gran Maquío, no cesó de culpar a la dirigencia de Acción Nacional por su complacencia; así me lo dijo desde sus días de estudiante en el grupo “Gente Nueva” del Tec de Monterrey.

El gobierno no puede ejercer por una persona, a menos de que se postule una dictadura feroz al estilo de las peores –citemos a Franco, Pinochet y Perón para no hablar de Cuba y Venezuela–, sino por un conjunto homogéneo de personajes que tiendan hacia una misma perspectiva de acciones. Y es por ello tan preocupante la arribazón de algunos elementos descalificados a la opción posiblemente ganadora.

No queremos la autocracia como salida; ni las medias verdades como la zigzagueante postura frente a la obra del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.