La Obrera y sus imprentas

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Armando Ramirez

UN BARRIO QUE DE ORIGEN LES VIENE EL GALGO, EXQUISITOS PARA COMER, BUENOS PARA BAILAR

Y trabajadores hasta decir basta. Le querían poner a la colonia, Escandón, porque esa familia fraccionó los terrenos, que antes eran un potrero, ya saben primero diseñaron la colonia y luego comenzaron a venderlos, pero eran los tiempos de Porfirio Díaz, 1889, y las autoridades no dieron permiso.

Pero siguieron insistiendo y volvieron a pedir permiso al final de siglo XIX y tampoco les dieron, pero qué creen, ya por esa época cerca de La Colonia había fábricas como la Cigarrera mexicana, entonces los obreros comenzaron a construir sus casitas, en esos terrenitos, sin luz, sin agua, ni mercado público, nada. Y ya para 1913 se estaba poblando en forma la nueva colonia ilegal.

Por eso la Obrera, es la única colonia céntrica que no tiene mercado público, las familias del barrio tienen que ir a la colonia Doctores, al mercado Hidalgo, para comprar su mandado, eso sí en esos años comenzaron a aparecer negocios como el de Santiago Galas, un español, que llegó jovencito a México y unos años después con sus ahorro compró una imprenta y a darle en la colonia.

Construyó un edificio de ladrillo rojo, de fachada antigua; suba al metro de la línea azul rumbo al sur y en la estación San Antonio Abad verá la construcción con fachada de fábrica, en lo alto se lee la palabra “Galas”, ahí se inició la tradición de la impresión, orgullo de la Obrera.

Por calles como Gutiérrez Nájera, Fernando Ramírez, Manuel Payno encontrará un sinfín de imprentas donde la gente trabaja para sacar impresos de propaganda política, anuncios de bailes, etc., claro, ahora usan tecnología digitales.

Don Santiago Galas imprimía los calendarios donde un azteca cuidaba el sueño de una indígena, eran el Popo y la mujer durmiente o motivos mexicanos las obra eran de artistas como Jesús Helguera o Jorge González Camarena.

Digo, es uno de los rasgos que definen a la Obrera, sus imprentas, pero también su vida nocturna que tuvo mucho auge en los años 60 y 70 del siglo XX, y su garnachería, eso se los contaré la próxima… que tanto es tantito.