Gigante dormido

Gigante dormido

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Rafael Loret de MOLA

El gigante dormido, llamado sociedad –sin el apellido civil del que se han apropiado no pocos vividores–, parece despertar y comienza a desafiar al monstruo de las mil cabezas llamado corrupción; tanto que presionó lo suficiente para tratar de hacer andar una nueva legislación en contra de la creciente amoralidad política, sin duda uno de los sellos de la presente administración federal. Al mandatario ya no lo defiende ni su esposa más entretenida en definir algún otro perfil dentro del Estado Mayor Presidencial. (Algo similar a cuanto ocurrió con Martita de fox en la fase final de la gestión de su marido cuando un atrevido uniformado, con derecho de picaporte, acabó sus días en la pileta del rancho San Cristóbal con otro compañero que, dijeron, tampoco sabía nadar).

En fin, quienes organizaron, desde sus posiciones comunitarias y profesionales, las firmas 3 por 3 –referidas a la declaración de impuestos, la patrimonial y sobre sus intereses–, lograron infiltrar las respectivas Cámaras del Congreso federal pasando de un bando a otro, del PRD al PRI sin el consenso definitorio del PAN, aunque varios candidatos de este partido han firmado la propuesta, acaso no han meditado sobre los efectos de sus presiones: demostraron per se que sí es factible practicar la soberanía popular colocando en jaque a parte de la clase política que se remueve en curules y escaños sobre todo en tiempos electorales.

Resulta poco más que gracioso que sea el PRI, precisamente, con sus dirigentes camarales, el nauseabundo emilito gamboa y César Camacho Quiroz, el más interesado en apoyar la iniciativa y mantuvo su interés en “sacar el paquete” –términos parlamentarios– durante el periodo ordinario de 2017. Digamos que fue tal postura la última ayuda posible hacia sus candidatos en medio de tartamudeos, confusiones y distanciamientos incluso de sus compañeros de partido malolientes como en el caso del troglodita veracruzano, Javier Duarte de Ochoa, preso desde hace casi un año, y los narco-gobernadores que ya se fueron: Egidio Torre Cantú, de Tamaulipas; César Duarte Jiménez, de Chihuahua; Mario López Valdez, de Sinaloa; Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo –éste ya preso-, y Rafael Moreno Valle, de Puebla. Algunos de ellos, además, miembros distinguidos de la “cofradía de la mano caída” que exalta el sometimiento homosexual cual si se tratase de un ritual para fortificar vínculos en una sociedad secreta e inexpugnable.