Es La Catedral

EL LOCAL MÁS EMBLEMÁTICO DEDICADO A LA LUCHA LIBRE ESTÁ DE MANTELES LARGOS; EN ESTE ESCENARIO CAYERON MÁSCARAS Y CABELLERAS IMPORTANTES

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Ciudad de México.– A partir de 1954, después de una función que fue etiquetada como la del adiós y, a partir de la demolición del viejo edificio que apenas albergaba a poco más de cuatro mil personas, la necesidad de construir un recinto más amplio trajo consigo el proyecto de la nueva Arena México.

En aquella época, característica por el crecimiento de la afición a la lucha libre, el llamado padre de esta disciplina, Salvador Lutteroth González, después de aventurarse con la Arena Coliseo, decidió hacerlo también con un coso en la Colonia Doctores.

Dos años de trabajos arduos, en los que se complementaron algunas casas vecinas del antiguo inmueble dedicado al pancracio, trajeron consigo el nacimiento de la hoy llamada Catedral.

Pero aquel capítulo, tan increíble como incómodo para algunos, provocó el primer gran obstáculo, porque el nuevo monstruo adecuado para el deporte de los costalazos parecía hacerle mella al también novel Auditorio Nacional.

Las líneas, que pudieron rubricar un desenlace triste, al final terminaron con una lección de que esta edificación era apenas justa para soportar a más de 15 mil espectadores, con todo lo que el ambiente de lo que igual es cultura en México conlleva: pasión, locura, vértigo.

El entonces regente capitalino, Ernesto P. Uruchurtu, ordenó una prueba de resistencia inédita.

Personal de obras del DF y elementos del Ejército colocaron una tonelada por metro cuadrado de costales de tierra argumentando que la gente, al emocionarse y brincar, llegaba a duplicar su peso.

Pese a todo esto, la estructura del flamante local resistió, haciendo alarde de la calidad de sus materiales y diseño. El arquitecto Francisco Bullman, en poco más de 11 mil metros cuadrados, creó el nuevo ícono citadino.