Legendarios los caldos de Indianilla

POR ESTOS LUGARES SE ASOMARON DOLORES DEL RÍO, EL INDIO FERNÁNDEZ Y HASTA DIEGO RIVERA

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Armando Ramirez

LA NETA de la corneta noctámbula el reposado es al otro día cuando la cruda hace estragos y se antoja algo calientito para sudarla y eso en Chilangolandia ha sido de tiempos ancestrales, basta leer las crónicas del siglo XX para saber cómo se la curaban los que bailaban en Waikiki o en el Salón México. No se por qué los intelectuales o los artistas de fama internacional les gusta acercarse a los barrios populares para ver cómo se la curan o como se la beben.

Es el caso de los célebres caldos de Indianilla, estaban cerca de la estación de tranvías de Indianilla. Se nombraron así porque el lugar donde estaban se llamaba de la Indianilla, hoy colonia Doctores, el taller se ubicaba en las calles de Claudio Bernard, Niños Héroes y Doctor Lucio. Y por estos caldos de Indianilla se asomaron Dolores del Río, Orson Wells, Rita Hayworth, el Indio Fernández, Diego Rivera, Rodolfo Usigli José Revueltas, la crema y nata para hacer rompope.

Imagino a estos personajes probaron los caldos de gallina: “gallina vieja hace buen caldo”, reza el refrán, parecen que estaban retebuenos, estos personajes de seguro los acompañaron con hojas de té de naranjo con piquete, algunos aseguran que ahí nació la legendaria teporocha, tres medidas de té por una de chínguere, vaya usted a saber, los cierto es que por aquí también estaban “las veladoras”, otro lugar para beber chínguere, que los mandaba a dormir como angelitos, claro en estos lugares tocaban los tríos sus boleros de moda, música romántica, de esa de rompe y rasga el corazón, ese era el ambiente de los famosas caldos de Indianilla.

Ahora ese tipo de legendarios lugares no existen, a lo más que llegamos son a los puestos de tacos con su “paisa” favorito, será la inseguridad que ya ni la noche lleva la fiesta en paz. Pero no se pongan tristes, se pueden dormir temprano y al otro día llegarle a su mercado favorito por unas enchiladas de mole y unas chelas.

O a la pancita de la calle del Buen tono, en el Centro Histórico, a un lado del gimnasio “Los nuevos Jordán”, hacen una pancita que lo mismo da si pida de cacarizo, libro o callo, sabe sabrosa con sus rama de epazote y las tortillas recién hechas y un café de la olla o su helodia, digo para sudar la última gota de la noche anterior, que tanto es tantito.