¿Sin esperanza?

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Rafael Loret de MOLA

El PRI y su gobierno aliado –los operadores de la campaña y su candidato llevan el sello de peña como si fuera el de un campo de concentración nazi–, están decididos a matar a la democracia mexicana como han hecho otros líderes continentales, incluyendo al nauseabundo “pato” Donald Trump y sus hackers, entre ellos los rusos que ahora le pasan facturas, para asegurar la continuidad –más bien el continuismo deformado–, de un sistema fallido, precisamente la apuesta del gobierno de Washington listo a intervenir, como sea, en su incómodo vecino del sur.

Para la Casa Blanca, que domina el entorno de Trump pero no a éste siempre desenfrenado, la posibilidad de que México se convierta en un estado fallido y posibilite con ello la emergencia para una intervención directa de la ONU, ha sido un sueño largamente acariciado y contra e que han debido enfrentarse decenas de compatriotas, bien nacidos, supeditados al suplicio del presidencialismo corruptor y antisocial, servidor lacayuno de una oligarquía impetuosa, inalcanzable, incluso perversa. Por eso, claro, la democracia no existe en México.

La prueba la tenemos en el penoso Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, cuyos siete sabios fueron propuestos por el titular del Ejecutivo y aprobados por el Legislativo; de esta manera se reemplazó al antiguo colegio electoral en donde los aspirantes a la Cámara baja y al Senado se autocalificaban predominando, claro, el pernicioso “mayoriteo” priista que cumplía la entonces ortodoxia de arrodillarse ante el presidente de la República para intentar subir de grado en la carrera política rebosante de ambiciones insanas, sea de dinero o de poder o de ambas condiciones.

Por esta razón, los siete sabios, cuando menos cuatro de ellos con nombres o apellidos poco conocidos y hasta bastante singulares –de ello no estoy exento, desde luego–, optaron por retroceder y avalar a un tramposo, bueno a dos porque Margarita pecó de lo mismo del brazo de su consorte –¿para cuándo expulsan a “jelipe” del PAN por apoyar a una aspirante que renunció a su partido de origen?–, para que pudieran sendos personajes ser candidatos “independientes” cuando, es bien sabido, están lejos, lejísimos, de serlos.

La falacia es un rudo golpe para quienes tenían alguna esperanza en que, por fin, los comicios serían limpios al igual que el deseo patológico a ungir a la selección nacional de fútbol como campeona del mundo en Rusia y ser mimados por el recio Vladimir Putin en su reino semisocialista.

Este 2018, cuando menos, ambas aspiraciones están lejos de alcanzarse. Pocos creen en la rectoría del INE como repudian la falsa sabiduría de los “siete” magistrados del Tribunal “inatacable”. Pero tal ya se sabía desde mucho antes de iniciar campañas. Entonces, ¿para qué repetir la misma parodia a vista y paciencia de casi noventa millones de empadronados? ¿De verdad, sirve de algo votar en estas condiciones inhóspitas? Ya hablaremos de ello en su momento.