Ni las suegras reales se salvan

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Raquel Bigorra

Vaya lío real que se armó entre doña Letizia y doña Sofía. Que nos dejen esos jaloneos para los mortales, no entre nuera y suegra real, por piedad.

Las infantas Sofía y Leonor están en medio de la batalla que se ha hecho viral. Pero seamos sinceras, por más que nos asombremos, ¿cuántas de nosotras hemos tenido diferencias con la suegra?

Nos encanta echarle la culpa a la suegra, pero a veces somos las nueras las que no ponemos de nuestra parte. Nos gusta imponernos y demostrar quién tiene el verdadero poder. Ahora imagínese a Letizia, una simple mortal que se convirtió en reina de la noche a la mañana quitándole la corona a la madre del marido. Hoy está imparable.

Parece que estos desacuerdos vienen de tiempo atrás. Dicen que la reina Letizia ha puesto muchos obstáculos desde que nacieron sus hijas para que doña Sofía ejerza como abuela. Con eso de que las niñas tienen un horario muy estricto por la disciplina que llevan, la abuela no puede convivir con ellas cuando le place.

Y así pasa hasta en las mejores familias. Hay que ceder, relajarnos y no meter en problemas al marido ni enfrentarlo con la madre o ponerlo a elegir. Desde el día en que nos pidieron como esposa, está todo dicho.

Lo peor es que damos malos ejemplos a los hijos. Si se fijan en el video real, es una de las infantas quien le hace el feo también a la abuela. Háblele mal a los hijos de la suegra y esta cadena de ver con malos ojos a la suegra nunca se romperá. Y pensar qué hay suegros que son más canijos pero una no les presta tanta atención. No hay competencia de género, no hay pelea por el amor de un hombre, no hay rating, no hay acción.

Así que mi consejo este viernes es, relajémonos con nuestra segunda madre. Dejemos de satanizarlas y no sigamos el ejemplo de doña Letizia con la que fue la reina de España por tantos años. Veamos con ojos de amor a las suegras y vaya presión y peso que le quitaremos a los maridos, que muchas veces ponemos entre la espada y la pared. Y vivieron felices para siempre, gracias a El manual de la buena esposa.