Corrupción: ¿combate o simulación?

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No es un secreto que la corrupción es uno de los grandes problemas que enfrenta México. Es un fenómeno que merma la confianza y que limita el crecimiento económico. Por ello, son tan significativas las acciones legales que el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto emprendió.

También fueron importantes las reformas impulsadas por la sociedad civil, y que con el trabajo del Congreso de la Unión derivaron en una ley de transparencia y en la creación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA).

En materia de transparencia, los cambios incluyeron a cualquier persona física o moral que reciba fondos públicos, esto fue clave para ampliar el derecho ciudadano de acceso a la información, y con ello, disminuir la opacidad. En tanto, el SNA es una de las iniciativas más ambiciosas del Estado Mexicano para desterrar la corrupción. Aunque todavía falta que se nombre al fiscal anticorrupción, una tarea que recaiga en la próxima legislatura.

Asegurar que con mera voluntad basta para acabar con la corrupción es demagogia y simulación; erradicarla a nivel federal, estatal, municipal, en las legislaturas locales y en toda la actividad económica que rodea dichos ámbitos es una tarea que exige sistemas bien pensados, no un mesías mal preparado.

Las herramientas para acabar con la corrupción son de tipo institucional y tienen que ver con la rendición de cuentas, la transparencia, el acceso a la información, la fiscalización de recursos, y el establecimiento de incentivos que premien a quienes cumplen con la ley y castiguen a quienes se corrompan.

Para ello, desde la siguiente legislatura trabajaremos de la mano de ciudadanía, robusteciendo el SNA e impulsando iniciativas serias como la de quitar el fuero en todos los niveles, propuesta de José Antonio Meade, y lo haremos alejados de mesianismos y cercanos a la sociedad.