El caos…

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Rafael Loret de MOLA

¿Cuál es el fondo de los intereses actuales del gobierno de Washington sobre nuestro país? ¿Reducir a cenizas la imagen presidencial para justificar una rectoría desde el Capitolio? ¿Provocar el caos social –indocumentados de por medio– para así tener el boleto de acceso a México considerado “estado fallido”? A estas coyunturas nos está llevando, sin remedio, el mandato de enrique peña nieto y sus enfermedades correosas: la política que lo ciega ante la realidad lacerante, y la física que le carcome por dentro sin valorarse del todo hasta donde es trágica su situación.

Por allí leí, en tono irónico, mencionar el estado de salud de Andrés Manuel López Obrador quien sufrió un infarto el 4 de diciembre de 2013 que lo mantuvo fuera de circulación en los días claves de la aprobación repulsiva de la reforma energética peñista. De esto, claro, él no tuvo la culpa pero sí elevó la sospecha sobre la secuela de enfermedades –cánceres e infartos– que suelen azotar a los líderes latinoamericanos que se convierten en incómodos para el gran gigante universal.

Desde el nosocomio –Médica Sur, nada barato, por lo que se le cuestionó porque quizá algunos esbirros adversarios pretendían su muerte en casa, sin atención de excelencia como merece un dirigente de su nivel aunque sea contrario al peñismo y a la derecha–, cometió, sin embargo, un error: enviar a su hijo a sustituirlo en las tareas de liderazgo lo cual fue rechazado aun guardando las formas para no alterar al enfermo. Y todo esto, el mal físico y el nepotismo al que tanto se opone cuando se trata de otros, dejó a su Morena en estado de indefensión ante el acoso de los serviles avaladores de la siniestra reforma. Poco a poco, la convocatoria se redujo y sólo hasta meses después, con Andrés de nuevo en la calle, volvió a su antigua solidez aun cuando pasara enormes dificultades para cumplir los requisitos –asambleas y militantes-, impuestos por el Instituto Nacional Electoral –INE, antes IFE, por el cambio brillante de sigla seguramente para determinar una parodia similar a las modificaciones priístas desde el PNR–, para el registro de partidos. Con todos los obstáculos, logró convertir a su “regeneración nacional” en un organismo dispuesto a la participación cívica.