En Iztapalapa van 175 años de pasión

El que interpreta a Cristo, además de ser devoto debe tener muy buena condición

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CIUDAD DE MÉXICO.- Una de las tradiciones más famosas y arraigadas, catalogada desde 2012 como Patrimonio Cultural e Intangible de la Ciudad de México, es la representación de la Pasión del Cristo de Iztapalapa, que este año cumple 175 años.

Fue en 1833, cuenta la historia, cuando un grupo de personas provenientes de Oaxaca pernoctaron en las calles de Iztapalapa, se dice que traían a restaurar a la Ciudad de México una imagen del Señor de la Cuevita y que al tratar de continuar su viaje, la imagen se hizo tan pesada que no pudieron más cargarla.

Esto fue considerado por los oaxaqueños como una señal; era deseo del Señor de la Cuevita quedarse en esa región de Iztapalapa, y así sucedió.

Se dice que posteriormente una epidemia de cólera afectó a la población de Iztapalapa y que los habitantes realizaron una peregrinación para pedir ayuda al Señor de la Cuevita, quien hizo que de un ahuehuete del poblado de San Lorenzo brotara un manantial cuya agua milagrosa fue capaz de curar a los enfermos.

Diez años después, en 1843, los pueblos de Iztapalapa comenzaron a representar el viacrucis de Cristo en el Cerro de la Estrella como homenaje al milagro realizado por el Señor de la Cuevita, porque así se lo habían ofrecido.

Entre 1870 y 1880 la Pasión de Cristo se empezó a representar con actores, con la única condición de que los participantes debían ser de Iztapalapa.

Muchos elementos la la diferencian de las que se realizan en otras partes del mundo.

La representación del viacrucis en Iztapalapa, aunque se basa en la obra de Enrique Pérez, ‘El Mártir del Calvario’, nunca es la misma de años anteriores.

Cientos de actores con parlamento y miles de extras participan con las condiciones de ser habitantes de alguno de los ocho barrios de Iztapalapa (anteriormente los papeles se heredaban); no tener vicios, ser católicos y tener disposición de ensayar aproximadamente 150 horas en total.

Para interpretar al Cristo de Iztapalapa, el reto es mayor, pues el aspirante además de ser devoto, debe tener buena condición física, que le permita cargar bajo el sol la cruz de 90 kilos y seis metros de largo durante un recorrido de casi 2 kilómetros.