Desarrollo de infamias

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Rafael Loret de MOLA

El señor peña, en fase de finiquito y con los momios en contra por cuanto a las tendencias electorales y también su creciente impopularidad –ningún otro mandatario, ni su predecesor inmediato digamos, había llegado a sus últimos meses como mandatario envuelto en tanto rencor, tan tremendo dolor colectivo, como el actual–, arguyó que en las elecciones definiremos el desarrollo del país.

Y esta condición conlleva, desde luego, el suicidio del PRI con las armas ciegas de los deplorables que forman el anillo de la infamia alrededor del no militante Meade, atrapado por los tentáculos de las tinieblas. ¡Vaya candidatos a posiciones plurinominales! ¡Rubén Moreira, Pablito Gamboa, Osorio Chong, la hija de Beltrones y una larga lista de rufianes! Sólo les falta apretar el gatillo el 1 de julio.

Nadie persigue a la intocable –¿no que no los habría, señor peña, farsante?–, Rosario Robles Berlanga, cómplice mayor de la cúpula –pueden equivocarse, señores correctores en este caso y colocar la “o” en vez de la primera “u” acentuadas– de un poder territorial cuestionado por la disputa, y en muchos casos la sumisión, ante las bandas criminales, desde los “capos” mayores hasta los ladrones improvisados a quienes corretean los perros domésticos.

La nueva dama de las camelias, a quien trató de seducir Andrés cuando ya tenía ella la vista puesta en el empresario chantajista Carlos Ahumada –el de los videos políticamente sucios y no menos escandalosos porque son reales–, aunque el desaire le llevó a desprenderse de los encantos de sus piernas, siempre exhibidas en las reuniones claves, sirvió de plato fuerte para triangular ¡seis mil millones de pesos! desde el erario, utilizando a universidades y empresas fantasmas, sin que nadie conozca, salvo los beneficiarios entre ellos la señora Robles, el destino de los mismos. La cúspide de la era de la corrupción donde peña ha clavado su pendón.

¿Y qué decir de Emilio Lozoya Austin, heredero de uno de los salinistas químicamente puro del mismo nombre –uno del célebre trío de los “toficos” porque eran “bien ricos”–, quien recibió sobornos escandalosos en 2012, por cuatro millones de dólares, y a principios de 2016, por diez millones de la verde divisa durante su estadía como director de PEMEX; luego Lozoya dejaría a esta institución para mantenerse en la mediocridad de su carrera de economista.

Con estas cartas, además de las de la constructora HIGA que financia a la primer familia y a sus cercanos –como Luis Videgaray Caso–, acredita el régimen en curso su condición del ejemplo vivo de la corrupción; y ninguno de los aspirantes, ninguno reitero, aunque se digan ajenos a la misma están a salvo del escrutinio público y de las sospechas de cuantos no son sus incondicionales. Ahora bien, si éstos quieren ser felices, revisen las encuestas que favorezcan a su causa y duerman bien.

A los pocos periodistas independientes, como suele ocurrir, nos toca bailar con la más fea: la bilis de quienes saltan a la menor crítica sin entender que sin ésta, sencillamente, la democracia sería imposible.