¿Le digo o no le digo que le ponen el cuerno?

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Raquel Bigorra

Qué difícil es ser testigo de una infidelidad y decidir callarlo. A mí me ha pasado en repetidas ocasiones. Me duele, me frustra y me dan ganas de alertar a la amiga en cuestión, pero siempre termino decidiendo callar.

He pensado en los escenarios de respuesta de la amiga. Me puede tomar por mentirosa, algunas te salen con que “envidias mi matrimonio”. Está la que decide perdonarlo, pero primero le revela al marido la fuente. Ellos se arreglan, se perdonan y hasta reavivan la relación, y es a una a la que odia el marido y ya no te reciben en su casa.

Después está a la que le provocas un profundo dolor. Bien dicen: ojos que no ven, corazón que no siente. Conozco parejas que son infieles, en diferentes momentos de la relación y siguen como si nada. Ambos se engañan, pero todos contentos. ¿Quién es una como amiga para andar opinando? Dice Maluma: felices los cuatro.

Bien vale la pena ponerse a pensar qué tan conveniente es abrir la boca. Puede ser muy delicado que vimos algo que nos pareció pero no podemos confirmarlo al 100. Solo provocaríamos un daño en las personas y relación, a veces irreparable. Qué tal que no es lo que parece.

¿Tú qué harías si cachas al marido de tu amiga con otra? Qué difícil respuesta, callarlo también te hace sentir una traidora o mala amiga por no decir la verdad. En mi caso he aprendido que no todas las verdades hay que decirlas. Se gana mucho más callando en la mayoría de estos casos.

Sobre todo porque entre marido y mujer, nadie se debe meter. Si le duda, que le pongan un detective privado; y si la relación va tan bien que ni las canitas al aire afectan, peor aún dar noticias como la de “yo lo vi, te lo digo para que no te vean la cara, amiga”.

Ante la pregunta ¿le digo o no le digo que tiene una amante?, yo prefiero mil veces hacerme la occisa y no meterme donde no me llaman. Es más, ni aunque me llame la amiga para preguntarme si lo vi. Yo prefiero evitarme el comentario.

Sé lo que causa el dolor de una infidelidad, del desamor y siempre he decidido callar, porque no me gusta ni siquiera convertirme en el conducto que lleve la noticia. Además, en la mayoría de los casos de parejas cercanas a las que he visto que les ponen el cuerno, siguen felices después de una infidelidad.

¿Tú qué harías? ¿Callarías como yo o soltarías la mala noticia? Y vivieron felices para siempre gracias a El manual de la buena esposa.