Guerra sucia en campañas

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Eduardo Betancourt

elb@unam.mx

Es bien sabido que durante el proceso electoral, la escena pública en México se vuelve una porqueriza. En el tiempo de las campañas políticas en nuestro país, “los candidotes” se tiran estiércol a más no poder. Se hacen todo tipo de acusaciones, y lo más grave es que se observa la intervención de manera sucia del gobierno, lo cual es clara muestra del cinismo con el que actúa el partido en el poder.

En este momento, el caso concreto lo constituye la serie de acusaciones que se han presentado contra el aspirante a la presidencia Ricardo Anaya. Resulta que el queretano ha sido acusado del delito de lavado de dinero, técnicamente operaciones con recurso de procedencia ilícita, al haber estado involucrado en la compra y venta de terrenos.

Más allá de los detalles penales del tema, lo claro es que en el caso concreto la Procuraduría General de la República está realizando una perversa labor, al amedrentar abiertamente a un candidato presidencial. Al final de cuentas, no sabemos qué es lo que se persigue, tal vez mantengan la “locuaz” idea de consignar Anaya por un tema que resulta risible, ridículo a más no poder. En todo caso, el planteamiento es clarísimo: ¿Por qué hasta ahora?

Sin entrar en detalles, destaca que el hecho es irrelevante, frente a otros tantos y tan graves delitos que se cometen, respecto a los cuales la PGR muestra su ineficiencia de manera cotidiana. De este modo, aquí se trata de perversidad y servilismo, pues es claro que en el caso en que se presenta una consigna, y eso es lo que padece Anaya. Aparece que se le pretende desprestigiar, vinculándolo con la realización de operaciones sobre inmuebles, pero es claro que no fue él quien utilizó los recursos supuestamente ilícitos, sino que más bien, el recurso provino de sus compradores.

De este modo, resulta que él no tiene ninguna responsabilidad, o por lo menos parece difícil de probar, que deba reprochársele su actuar en el terreno penal. Es evidente que buscan desprestigiarlo, restarle votos, y en este tema, lo que también resulta sospechoso es que están unidos el PRI y Morena.

Del PRI es entendible este tipo de conductas, pero en el caso del patético Peje, es claro que carece de toda autoridad. Bien se sabe se ha dedicado a proteger delincuentes de todo jaez, proponiéndolos para cargos de elección popular. El Peje se ha lanzado contra Anaya cuando él tiene en su bando a un sinvergüenza de siete suelas como Napoleón Gómez Urrutia.