Sigue siendo el rey

Reaparece esbelto, con gran voz, gestos de humildad y un carisma enorme

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Luis Miguel presentó un show diferente en su regreso al Auditorio Nacional, después de antecedentes que lo desprestigiaron. El cantante fue disciplinado al seguir las instrucciones de los expertos en la producción de entretenimiento de la compañía OCESA, con la cual firmó por 5 años para realizar tres giras internacionales. La primera empezó el miércoles 21 de febrero en México, para después continuar en Centro y Sudamérica, Estados Unidos y Europa.

Luis Miguel sorprendió al público con una producción sencilla pero con objetivos muy claros, apropiados al género musical y a la personalidad del cantante.

El show empezó a las 21:00 hrs. en punto con una pantalla muy grande y el alarido de 10 mil personas (aforo del Auditorio Nacional), que daba la impresión del sonido de un panal.

Sobre una enorme pantalla se ve la imagen muy pequeña de Luis Miguel y va creciendo hasta hacerse gigante: es el crecimiento sin medida de este cantante. Reaparece Luis Miguel y la exclamación colectiva se convirtió en una catarsis tan ruidosa, que era imposible comunicarse entre los compañeros que asistimos al tan esperado regreso de El Sol, que ahora sí brilló.

Luis Miguel entró cantando y habló hasta la tercera canción; y no se disculpó por no haber dado la cara en las dos ocasiones en las que suspendió el show. Hizo una pausa de frente al público que creó suspenso y un silencio sepulcral, hasta que Luis Miguel se dirigió con agradecimiento a las 10 mil personas que pagaron por verlo.

“Es un placer enorme tenerlos en este bellísimo lugar, el Auditorio Nacional, grandes y fundamentales motivaciones son las que tuve para regresar a los escenarios, una es la música y dos, son ustedes. Muchas gracias por el cariño durante tantos años, deseo que esta selección de canciones sea de su agrado”, dijo.

Ovación de pie, que estimuló al cantante que se dio cuenta que este pueblo es muy agradecido y que en vez de abuchearlo por haberlo dejado plantado, le entregó su cariño. Otro aspecto en que destacó la producción fue la escenografía del mariachi, sobre una plataforma y al fondo la imagen de la majestuosa pirámide de Teotihuacán. Luis Miguel terminó cantando Cucurrucucú paloma, con el desbordado cariño de la gente que se manifestó hasta llorando de la emoción.