El voto de los indecisos (Parte 2)

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Jesus Sanchez

El mejor ejemplo ocurrió en los comicios de 2000, cuando sólo María de las Heras anticipó el resultado de la elección presidencial. Hoy el juego tiene mucho que ver con el que dicen que lleva la delantera. El fenómeno AMLO aparece en primer lugar en enero de 2017 en una encuesta de Reforma, antes sus niveles eran competitivos pero tenían un piso de 7 por ciento y un máximo de 19 puntos. Hoy parece soufle. Aunque hoy todas las encuestas colocan a ya saben quién en primer lugar, mañana el dato puede cambiar radicalmente. De ahí que los sondeos en los que los entrevistados sí dicen por quién van a votar no tengan palabra de honor. De ahí que cuando el entrevistado no quiere responder, se convierte en un dato duro que no debe soslayarse, mucho menos minimizarse. Porque se convierte en el fiel de la balanza.

El histórico de 75 encuestas registradas por Oraculus.mx – de julio de 2015 a febrero de 2018– permite determinar que los indecisos o electores discretos constituyen un porcentaje importante, cuyo tope máximo ha llegado al 38 por ciento. Para ser más ilustrativos. en la reciente etapa de las precampañas presidenciales –entre noviembre de 2017 y febrero de 2018–, tenemos que 15 de 18 encuestas realizadas por firmas muy conocidas colocaron los niveles de los indecisos en rangos del 25 al 33 por ciento, muy por arriba de quien presume llevar la delantera en esta carrera. El contraste lo mostraron sólo 3 encuestas, realizadas a saber por Buendía Laredo, que consideró que el 13 por ciento era de indecisos y Parametría que estimó en 14 por ciento a los ciudadanos que no han decidido por quién votar.

Consulta Mitofsky, El Financiero, El Universal y Mendoza Blanco, han sido las firmas más consistentes que reflejan porcentajes elevados del voto indeciso, mientras que Reforma, Buendía & Laredo y Parametría no les otorgan tanto peso. Los encuestadores están interesados en recuperar el terreno perdido, que les crean pues. Pero sin duda la prueba del ácido ocurrirá en la etapa de las campañas, que se realizarán entre abril y junio, entonces el panorama estará más definido y quien se equivoque en sus pronósticos lo pagará con creces.

Para los estudiosos y los que no lo son, el voto es un misterio, pues aunque los partidos consideren que cuentan con un voto duro, el de la militancia, a la hora de la verdad puede ocurrir cualquier cosa, y si no que le pregunten a los panistas en las elecciones de 2012 cuando cayeron al tercer sitio con 3.7 millones de votos menos. Eso mismo puede considerarse para los priístas que en el año 2000 cuando la alternancia se abrió paso, el PRI quedó en segunda posición con 4 millones de votos menos de los que obtuvo Ernesto Zedillo. En el caso de las izquierdas el tema también es un misterio por resolver, pues de un promedio de 6.2 millones que logró Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador se apuntó 14 millones en 2006 y ganó otro millón en 2012.