Mexicanos ya no creen (Parte 2)

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El partido político actualmente en el gobierno (PRI) junto con su candidato a la Presidencia de la República –José Antonio Meade Kuribreña– impulsa, como siempre, una política dogmática basada en la absoluta sumisión y la continuidad, garantizada por un probado, disciplinado y sumiso tecnócrata egresado del ITAM.

Por otro lado, en los círculos cercanos y en las propuestas de gabinete de todos los otros partidos políticos, incluyendo aquellos que se llaman de izquierda, proliferan también los funcionarios que están en contra de las clases trabajadoras, van desde aquellos viejos priistas hoy disfrazados de la “esperanza de México” –Andrés Manuel López Obrador– hasta abiertos entusiastas en favor de la depredación del campo mexicano por trasnacionales como Monsanto.

Los especialistas de la Facultad de Economía de la UNAM dicen también que todo ese espectro de los partidos políticos que durante 2018 estarán volteando al pueblo sólo para pedir votos y luego olvidarse de sus promesas vacías y lemas de campaña. Y advierten que sea cual sea el que gane, habrá seis años más de lo mismo para el pueblo mexicano.

Más pobreza, inseguridad, impunidad, corrupción, represión y despojo. Mientras tanto, se refieren al salario mínimo en México y lo califican de inconstitucional ya que claramente, exponen, no es suficiente para satisfacer las necesidades materiales, sociales y culturales de un jefe de familia, ni para proveer de educación obligatoria a sus hijos.Al contrario, acusan, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos sólo ha servido para quitar alimentos de la mesa de los trabajadores y negar el acceso a la educación a sus hijos. La pérdida acumulada del poder adquisitivo en treinta años, del 16 de diciembre de 1987 al 26 de octubre del 2017, es del 80.08%, medida según la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR). De acuerdo con su reporte titulado Otra derrota social y política de las clases trabajadoras: los aumentos salariales que nacieron muertos, hace tres meses el salario mínimo era de 80.04 pesos diarios, mientras que el precio de la CAR llegó a 245.34 pesos diarios, es decir, con el salario mínimo únicamente se podía adquirir el 32.62 por ciento de la canasta. A esto se suma el hecho del poco control que ha tenido el Estado sobre el incremento de precios de los bienes indispensables, incurriendo en el incumplimiento del artículo 28 constitucional, párrafo tercero, donde se indica que “Las leyes fijarán bases para que se señalen precios máximos a los artículos, materias o productos que se consideren necesarios para la economía nacional o el consumo popular, así como para imponer modalidades a la organización de la distribución de esos artículos, materias o productos, a fin de evitar que intermediaciones innecesarias o excesivas provoquen insuficiencia en el abasto, así como el alza de precios…”.