Diario Basta!

Tequileando con Paquita

Con el cutis un poco fruncido por la ñañara, llegué hasta la colonia Guerrero para llegar a entrevistar a Paquita la del Barrio en su casa, que a su vez fue su restaurante Casa Paquita, durante muchos años, y que posteriormente estuvo cerrado casi quince años por trabas con la delegación, ya ven como se las gastan, quesque si las rampas a los discapacitados, que si la banqueta, que si la marquesina, ya sabrán, el caso es que durante casi quince años estuvo cerrado sin poder dar servicio a los clientes y a su vez privándonos de poder escuchar cantar a Paquita desde su lugar, así que llegamos con la feliz noticia de que está muy próxima a reabrirlo, por lo que teníamos que ir a conocerlo y a platicar con ella, llegué con sus regalitos del Día del amor y la amistad y me abrió la puerta de su casa en la calle de Zarco, ahí en la Guerrero, después de aventarnos calzada de Tlalpan, Eje central, Tlatelolco y lugares por donde tenía un buen rato de no pasar desde que mi papá, El Concho, me llevaba a fayuquear a Tepito, dezpués de arriesgar el pellejo, la cartera y la dignidad, llegamos y me abrió mi Paquita muy emperifollada, toda vestida de negro con un chal encima y llena de joyas muy bonitas por cierto, muy peinada y arreglada, nos besamos, nos abrazamos, le di sus regalos y me fue enseñando pasó a paso lo que será su nuevo restaurante, así que déjenme platicarles a ustedes que es una verdadera joya, el original que estaba justo en el mismo lugar era muy pequeño, de nuevo empezó nuestra platica, pues mi Paca andaba muy sensible al recordar que cuando empezó, primero era un puesto de barbacoa en un terreno baldío, ella hacía la barbacoa, luego logró comprar el terreno y posteriormente hizo ahí su casa y el restaurante en la parte de abajo, durante muchos años, ella muy temprano se iba al mercado, compraba toda la comida, llegaba, se ponía a guisar y luego se ponía a arreglar su casa y entonces se iba a su show, imagínense ustedes la friega y las ganas de seguir adelante y sacar a sus hijos a flote, después de que el marido primero se hizo muy güey, vean ustedes si eso no es un ejemplo, así se la rifó durante muchos años, cada vez ganando más adeptos a su restaurante pero sobre todo a su música, ¿quién no se ha empedado alguna vez con una canción de Paquita la del Barrio? ¡Todos! Pero muy pocos como yo ¡porque me empedé con ella! Sí señoras y señores, ¡ese día no me quedó más remedio que empedarme con Paquita la del Barrio! Pues resulta de que ya que estábamos en el escenario de su nuevo restaurante, que por cierto ya abre el próximo mes de mayo y ahora es de dos pisos y para 600 personas, ella empezó a ensayar con el mariachi y vio que andaba media ronca y me dijo: “Me voy a echar un tequilita porque ando mala, ¿no quieres uno?”, ¿y cómo negarle un tequilita a Paquita la del Barrio mientras está cantando? Pues que nos arrancamos con la entrevista, con el mariachi y con el tequila, imagínense ustedes lo que salió, me contó de todo, hasta de sus exmaridos, de cómo el papá de sus hijos la engañó y nunca le dijo que era casado hasta que ella estaba ya embarazada, luego ella se vino a México con sus hijos y dejó al señor allá en su pueblo, en Alto Lucero, Veracruz, tuvo que cargar con toda la responsabilidad y luego la fue a buscar el desgraciado, pero nunca la encontró, los dos exmaridos ya se le murieron y me dice: “Mis dos exmaridos ya murieron, por si se te ofrece”, me cantó la de La última parada y hasta me contó que hay problemas en la familia, con lágrimas en los ojos, lágrimas que mi Paquita seca con una servilleta hecha churrito antes de que le corran el rímel, y no me quería decir por qué no estaba feliz cuando se lo pregunté, pero ya con el tequilita pues pasó a aflojar la información y resulta que está distanciada de sus hijos, porque las arpías de las nueras son unos buitres y mal aconsejan a los hijos diciéndoles que la madre no les da lo suficiente, como si no se hubiese ya mi Paca sobado el lomo durante toda su vida por ellos, pero ya ven ustedes que la primera vez es un favor y la segunda ya se convierte en obligación, ustedes me entienden, el caso es que mi Paquita está muy deshecha, pues ya no ve a sus hijos porque las nueras quieren que les dé más feria, ¡pues que trabajen los huevones! Así que mi visita a casa de Paquita acabó en una buena peda; reímos, lloramos, tomamos y en una de esas, a la próxima ¡Hasta nos encueramos! He dicho.