Diario Basta!

Miedo a Televisa

elb@unam.mx

En nuestro país, siempre los medios de comunicación han sido poderosos. Con toda razón se les conoce como el Cuarto Poder, ya que comparten con el Ejecutivo, Legislativo y Judicial el control y manejo del país.

Un medio de comunicación, sea radio, prensa, y particularmente la televisión, pueden destruir sin miramiento alguno a cualquier persona. En sentido inverso, logran, cuando así lo deciden, crear ídolos y entes a los que encumbran de manera generalmente errónea, injustificada o falsa. Lo importante para los medios informativos es el dinero y no se diga el poder.

Desde hace muchos ayeres, la televisión tiene gran influencia. Como ya señalamos puede acabar o destruir personalidades siendo el caso que manipula sin ninguna ética a la denominada opinión pública. La televisión, a través, de sus comentaristas y locutores, mal informan, agreden y ofenden a quienes mantienen puntos de vista contrarios. Cuando a sus intereses conviene, ensalzan. Dentro de estas prácticas, el medio de comunicación de la empresa Televisa ha alcanzado niveles insospechados.

Precisamente, como ejemplo de lo anterior, se menciona el caso, sucedido entre un grupo de conocidos. El locutor predilecto de Televisa, Jacobo Zabludovsky, presumió cómo en su programa empezó a hablar mal de un producto lácteo, con el fin de obligar a los propietarios de la empresa a incrementar el pago de publicidad. Todo ello a cambio de no hablar mal de dichos productos. Un auténtico caso de extorsión.

En este mismo renglón es bien conocido cómo Televisa logró imponer al actual jefe del Ejecutivo.

Recientemente, pude cerciorarme de la forma en que Televisa es un verdadero poder, al que respetan y ante el que se humillan las autoridades. Hace unos días, un grupo de aficionados a la Fiesta Brava se quejó de que dentro de la Plaza de Toros, Televisa obstruía con sus cámaras la visibilidad de los aficionados taurinos. Cuando dichos aficionados protestaron ante el delegado de la Benito Juárez, Lic. Christian Von Roehrich de la Isla, fueron simplemente ignorados. Además de que el señor nunca contestó la misiva, incumpliendo el constitucional derecho de petición, fue su colaboradora Rocío Álvarez quien dijo que nada podrían hacer. Quedó claro que quien mandaba en la Plaza México, entiéndase bien, quien ejercía el poder en ese sitio, no era la Delegación Benito Juárez, sino la empresa Televisa.

Esta situación tendrá que modificarse en el futuro. Los medios han de entender que deben conducirse con ética, con respeto, y jamás convertirse en “el poder tras el trono”. El derecho a la información es intrínseco al ser humano y éste no debe ser manipulado, mucho menos para perseguir intereses oscuros y perversos, ajenos al bienestar común.